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jueves, 30 de julio de 2009
Caja de herramientas: interpretar y jugar con el texto dramático
IV. Caja de herramientas[1]: episteme y método
1. La lectura dual como herramienta
“La imaginación siempre exige soñar y entender a la vez, soñar para entender mejor, entender para soñar mejor”. (TER: 325)
“La duplicidad del pensamiento es automáticamente desdoblamiento del ser. En la penumbra, la conciencia de estar solo es la nostalgia de ser dos”. (DS: 23)
“Soñar las ensoñaciones, pensar los pensamientos: sin duda son dos disciplinas difíciles de equilibrar”. (PES: 266)
Nos detendremos en ofrecer en este capítulo una clara exposición, lo más elocuente y definida posible, tanto de las herramientas epistémicas que volcaremos en la comprensión de nuestro objeto literario de estudio, nuestra metodología de trabajo paralela que retoma en sus mismos términos la fenomenología del imaginario de G. BACHELARD, como finalmente las perspectivas innovadoras que se nos ofrecen a una lectura-creativa, o pre-creativa del texto dramático ya orientándonos de cara a una futura elaboración de juegos en el ámbito de lo escenológico. Esta última fase, fuera de los contenidos de nuestro estudio. Todo juego necesita de su fábula, necesitamos fabular para crear un gromeló del juego de tal manera como los ritos de la antigüedad necesitaron de esas fábulas de los orígenes que fueron los mitos. Nuestra aventura interpretativa quedará cercada así en este estudio como un engarce entre la hermenéutica y la heurística apeados siempre en el devenir lector.
En breves líneas, nuestra tesis trata de hacer entender como el impulso lector no se detiene ante el esclarecimiento del sentido, lo que comúnmente nos lleva a abordar la comprensión de los diversos estratos de sentido que el propio texto nos devela, sino que, además podremos sumergirnos en otro impulso lector por el cual la imagen literaria es un germen capaz de proyectar nuevas imágenes, nuestras imágenes. La imagen literaria se comporta de tal manera como un espejo que nos devuelve la imagen de nuestro ser íntimo y de una existencia que se proyecta en un imaginario que nos completa y engrandece, que ensancha nuestra comprensión de lo real. Toda función de lo real es huérfana si no atendemos a esa función de lo irreal que nos proporcionan los cuentos, lo relatos, lo poemas. Un imaginario volcado en la página en blanco permanece a la espera de un experiencia lectora que devuelva el fulgor a sus viejas imágenes.
Es conveniente antes de proseguir con nuestra exposición de intenciones, que definen particularmente en este estudio una lectura que antecede a una propedéutica de la acción creadora desde y por el texto dramático, explicar que la función de una metodología no será lo mismo que tomar una determinada episteme. Instituimos métodos para lograr objetivos que pueden ser variopintos o sin una utilidad intelectual. Cierta distensión no significa inercia o pasividad. Cuando más nos divertimos con un juego nos descubrimos como verdaderos estrategas de un método. En cambio, una episteme, posee un matiz que no soslaya el trabajo, la aridez de los sistemas, es una teoría que nos ayuda a conocer mejor y despejar toda falsedad ante el objeto que pretendemos conocer mejor. Con este pequeño inciso que aclara esta doble orientación, el uso que hagamos de nuestros instrumentos, de lo que hemos denominado nuestra caja de herramientas, tratan, primero, de leer mejor y con mayor rigor, concienzudamente, para justificar todo lo que después podamos realizar en una plena libertad. Y por otro, queremos recobrar la añoranza de la lectura feliz e ingenua que cree en las imágenes, que desea habitar las imágenes poéticas de los grandes textos dramáticos. De este modo y siempre en este doble sentido se tratará de leer en sístole y diástole, como si estuviéramos realizando un doble impulso. Es una acción que como veremos trata en un comienzo de desentrañar los sentidos no siempre manifiestos de una forma explícita en la obra dramática pero contenidos en su textualidad. Aquí, situándonos a pie del texto, el conocimiento de toda verdad remite sólo de nuestro texto y todo emana de él. Haremos nuestro ese lema clásico del hermeneuta cuando nos dice con severidad: ¡donnez moi le texte! La segunda acción lectora se desenvuelve, en cambio, en la apertura de significados vividos que proceden de las directrices marcadas por la ensoñación, suscitados siempre por el núcleo fecundo de la imagen literaria. Esta labor, en doble sentido será realizada con la ayuda de una hermenéutica y una fenomenología del imaginario respectivamente. Disciplina epistémica la primera y método heurístico el segundo.
Estaremos manteniendo siempre una especie de sutil equilibrio entre dos acciones lectoras que pueden llegar a parecernos, por la forma de tratar su objeto y de establecer sus prioridades y objetivos, antitéticas o disímiles. La una se orienta al estudio más de valor erudito y académico y la segunda se afirma como una gestora de procesos dirigidos al campo de la creación y la suscitación de prácticas. Un doble asedio lector donde lo veraz y lo analítico se conjunta con una lectura ciertamente polisémica que retoma cada imagen literaria en su papel de seductora y de incitadora[2]. A nuestro entender, estas dos acciones de la lectura pueden ser cómplices cuando se sabe jugar en una doble dirección, evitando los prejuicios de la disciplina crítica, y la ignorancia o pereza de esa necesaria indisciplina que es la creación. Tendremos una lectura que se basa en la vigilancia severa sobre el texto y sus significados donde -la hermenéutica tiene la función de ser nuestra celadora del texto, la guardiana del sentido-. La hermenéutica es una jerarquizadora de la interpretación pues articula las prioridades de nuestro análisis. Otra lectura será, sin embargo, basada en las tendencias de la ensoñación[3]. Esta última supone adentrarse en las preferencias inconscientes suscitadas por la imagen literaria en la experiencia subjetiva del lector. Una subjetividad, hay que explicarlo muy bien y lo haremos más adelante cuando nos adentremos en entender muy bien a qué nos referimos cuando hablamos de fenomenología del imaginario, entendida siempre como apertura hacia una vida inventada, imaginada.
Nuestras herramientas epistémicas forman parte de una Dramatología (que definimos en el preámbulo de nuestra tesis, trazando el orden de una disciplina de estudio), y nuestro método es la fenomenología del imaginario de G. BACHELARD. Se tratará de este modo de una tarea que se desarrolla en dos asedios complementarios y realizados paralelamente, en sucesivos replanteamientos, avanzando progresivamente con mucha cautela, paso a paso, regresando siempre cuando sea necesario de nuevo en aquellas zonas oscuras del texto que nos es necesario interrogar de nuevo. De este modo es como si estuviésemos trabajando en dos órdenes de lectura al mismo tiempo. Estaremos barajando posibilidades de interpretación y barajando líneas de ensoñación. La Dramatología, de la que hemos hecho una introducción de su ámbito disciplinar en los preliminares de esta tesis, es un textoanálisis por el cual vamos estrechando el círculo hermenéutico sobre el objeto de estudio hasta alcanzar un conocimiento de las formas, los contenidos y los valores de la obra dramática. El axioma hermenéutico nos recuerda siempre: nos ceñimos a nuestro texto no a lo que preferimos que éste signifique. Necesitamos comprender, conocer nuestro texto, interrogarlo constantemente con cierta obsesividad. Por otro, la segunda, nos serviremos de lo que G. BACHELARD denominó fenomenología del imaginario o fenomenología de la lectura, actividad lectora que es necesario esclarecer debidamente en este presente capítulo. Tenemos que remarcar que leer es una forma de crear. Nunca se ha entendido muy bien que la lectura es el foco y el instrumento más importante de la creación, y por tanto acción depositaria de la imaginación. En nuestro punto de vista propedéutico que va de una Dramatología a una Escenología, todo puente de lo imaginario literario a lo material escénico con el método denominado fenomenología del imaginario es lectura.
Esta segunda acción que hemos denominado una fenomenología del imaginario, que extrae sus métodos y los mismos términos de los estudios literarios de G. BACHELARD será metódica pero no epistémica. Con esta afirmación entraremos en cierta polémica que es necesario explicar con la más atenta reflexión. Resumiremos en unas breves líneas preeliminares, antes de defender esta propuesta, y siguiendo fielmente el pensamiento de G. BACHELARD, que la fenomenología del imaginario no augura un conocimiento crítico de la imagen literaria y menos de una obra literaria. El orgullo del lector no proviene de una conquista del significado. El orgullo lector deviene en una apropiación de la imagen literaria que proyectada en el ojo de la mente suscita invenciones, ecos, sombras, y crean ante nosotros una perspectiva maravillada. No será el ser entonces poseedores de un sentido que hemos conseguido desentrañar de nuestro texto lo que nos aporte la unidad del ser. Cuando ejercemos ese raro oficio de fenomenólogos de la imagen poética, y veremos como esa acción es mucho más habitual y familiar de lo que un concepto tan escolar y de larga raigambre filosófica define, atrás ha quedado la reflexión suscitada por el rigor del análisis crítico. Ahora estamos en y por la imagen.
“Puesto que el poeta se atreve a escribir esta ensoñación extrema, es necesario que el lector se atreva a leerla hasta una especie de más allá de las ensoñaciones de lector, sin reticencias, sin reducciones, sin preocuparse por la –objetividad-, agregando incluso, si es posible, su propia fantasía a la fantasía del escritor. Una lectura siempre en la cumbre de las imágenes, tendida hacia el deseo de superar las cumbres, le ofrecerá al lector unos ejercicios bien definidos de fenomenología. El lector conocerá la imaginación en su esencia puesto que la vivirá en su exceso en el absoluto de una imagen increíble, signo de un ser extraordinario” (PES: 308-309)
Si nos quedáramos solamente en un plano hermenéutico o de la estricta crítica tradicional, siguiendo las propias palabras de G. BACHELARD
“¿Cómo constituiríamos una psicología de la imaginación de no seguir al poeta en su ensoñación deliberadamente poética? ¿Buscaríamos documentos en quienes no imaginan, en quienes se prohíben imaginar, en quienes reducen las imágenes abundantes a una idea estable, en quienes –negadores más sutiles de la imaginación-interpretan las imágenes arruinando a la vez toda posibilidad de una ontología de las imágenes y de una fenomenología de la imaginación”. (PES: 316)
La fenomenología del imaginario no nos esclarece esa razón del sentido inmanente en el texto, sino que nos adentra en las direcciones oníricas, las tendencias, los impulsos o fuerzas que acrisolan en el devenir lector una procesión de imágenes concomitantes a las imágenes literarias de nuestro texto literario. De este modo, “siguiendo el dinamismo que corresponde a la sugestión, el lector puede ir más lejos, demasiado lejos” (PE: 85). Diremos que cada imagen literaria guarda un porvenir de ensoñación. La imagen-germen nunca se abre en una demanda oclusiva y dogmática. El don conductor de una imagen poética nos lleva a filiaciones de imágenes que nos son cercanas, familiares, y a la vez, capaces de reflejar viejos símbolos o arquetipos. Son esas preferencias del inconsciente las que queremos describir, estudiar, señalar, incitar. Y por último, aportar pistas de donde se orienta una determinada ensoñación[4]. Como nos dice G. BACHELARD estaremos realizando una especie de “utopía de la lectura” (PES: 143), convertir la lectura en “el misterioso refugio de nuestra personalidad” (II: 10).
Nos preguntaremos acerca de las abundantes imágenes literarias que encontraremos en nuestro texto dramático, ¿por qué la imaginación sigue el curso de ensoñación y no otras? ¿Qué inducciones hacen que se condense y dinamice la ensoñación activa y qué fuerzas u obstáculos la detienen? ¿Por dónde orientar una imaginación activa y dinamizadora que se desliza por los meandros de las palabras sin traicionar el valor del sentido y la forma del texto dramático? Nuestra imaginación debe en la lectura de una obra dramática sintonizar, apegarse fielmente, evidenciando toda tendencia improcedente u hostil a la cosmovisión de un imaginario literario. De este modo vamos a criticar un lema tradicional que incide en la modernidad del texto clásico aduciendo en su actualidad, en como un autor antiguo ha sabido comprometerse con los valores de la modernidad la legitimidad de su profundo valor. Para nosotros se trataría de incidir en un lema contrario, ¿no tendríamos que recatar y volver a la antigüedad misma de la imaginación? ¿No deberíamos situarnos en la perspectiva de una ensoñación social que en el pasado creyó en sus leyendas y con ellas creó sus dramas, sus relatos, etc.? ¿No es el imaginario en sus diferentes épocas la añoranza de un pasado mítico en un tiempo de fuerte cambios y convulsiones que trastornan lo principales valores de una cosmovisión común?
Veremos como al realizar nuestra labor ciertamente ambivalente estaremos, en ocasiones, haciendo un cierto funambulismo, siempre sobre la cuerda tensada de una buena hermenéutica, como si fuera el órgano de nuestro equilibrio lo cual nos permite nuestra libertad vivencial de la imagen. La hermenéutica es como si nos dispusiera a viajar por el laberinto de una trama. Necesitamos orientarnos y conocer nuestro laberinto de palabras. Aquí nos encontramos con la circunstancia de que las imágenes literarias son como una especie de puertas entreabiertas que no dejan ver del todo lo que hay en su interior de tal modo que lo que la curiosidad intenta observar el interior por el ojo de una cerradura. La fenomenología del imaginario sirve de algún modo como una llave que nos permite adentrarnos en cada celdilla, nos ayuda a detenernos y solazarnos en el interior de la imagen poética, nos incita a completar y a crear por nosotros mismos lo que no es del todo visible.
Hemos escogido un ejemplo próximo a nuestros estudios para hacer entender de forma ejemplar y paradigmática este dualismo del lector. Ejemplo que tomaremos, siempre con cierta prudencia, de cómo una fenomenología y una hermenéutica define acciones y procesos que no solo forman parte del universo conceptual del filósofo, del estudioso encerrado en la biblioteca, sino que definen asimismo acciones y procesos bien matizados por nuestra experiencia teatral. Nos serviremos de esas fases que muy bien describen la lectura de los actores del texto dramático antes de llevar a cabo su labor. Labor siempre orientada por la vigilancia del director de escena. Podríamos haber escogido otros muchos. En cualquier disciplina donde la acción de imaginar cobre una relevancia decisiva toda fenomenología entra en juego, según G. BACHELARD “cada arte exige una fenomenología específica” (PES: 275).
El arte de la interpretación actoral y consecuentemente la dirección de escena es siempre danzar sobre la cuerda bien tensada anteriormente por un buen conocimiento del texto dramático. Tanto el director como el actor, ceñidos y fieles a su texto dramático, entrenan sin saberlo en muchas ocasiones unas herramientas hermenéuticas, aunque se nieguen a denominarlas como tal o desconozcan este vocablo. La hermenéutica comienza desde el mismo momento en que se hace una pregunta a un texto, y nuestra lectura está orientada a resolver el interrogante que nuestra pregunta nos ha incitado. Siguiendo con nuestro ejemplo, la advertencia de un buen maestro o de un buen director de escena a sus actores está marcada por una orientación rectora de la lectura. Podremos escuchar al maestro recordar con cierta tozudez este axioma ya clásico en el atelier, y no por ello menos fundamental, en el llamado trabajo de mesa. ¡No invente otra obra, conozca a fondo su obra! ¡No me hable de una obra que a usted le gustaría escribir o interpretar sino la que tiene ante usted! ¡Coja su libreto! Hacer de la lectura un trabajo de mesa evidencia ese áspero trabajo que para nosotros significa leer cuando tenemos que objetar que leer es ya crear, es imaginar. No llamaremos a nuestro empeño lector y diludizador del sentido trabajo de mesa, imagen de lector enfurruñado con un libro que odia un poco, vamos llamarlo por su verdadero nombre: hermenéutica y restablecer así una disciplina útil en toda práctica teatral.
El actor es un ser inquieto por naturaleza y quiere desembarazarse pronto de su texto dramático. Lo memoriza rápidamente para no recordar que ha sido memorizado. Es la posesión verbal lo que le estimula y le seduce. Desea experimentar el balbuceo incluso antes de comprender muy bien el significado de las palabras que pronuncia. Es por este motivo que el director somete a sus actores a la dura disciplina de la contención, y aconseja el regreso a la lectura cuando el actor está perdido en los numerosos interrogantes que le suscita su texto. ¿Por qué el personaje hace esta acción en la escena primera? ¿Por qué dice esta enigmática palabra en mitad de un soliloquio? ¿Que significan estos enigmáticos suspensivos? El actor debe ante todo no tener respuestas demasiado prematuras, ni saberlo todo acerca de su obra dramática en una muestra de erudición escolar. Tiene que saber muy bien cuál es la pregunta, la gran pregunta que da sentido a lo que hace, e ir atisbando las pequeñas preguntas que sitúan su acción en el espacio en cada momento de la obra. Casi siempre lo que quiere el actor es poder hablar. Le encanta amasar las palabras. El actor es nuestro gracioso y encantador masticador de murmullos. Es una circunstancia que también le ocurre a los niños que juegan solitarios, no paran de mascullar palabras y diálogos inventados. Es difícil observar a un actor en las primeras lecturas tratando las palabras del poema dramático en voz alta, la aclamación es muda, íntima, acoge las palabras en el regazo de su pecho vacilante. ¿Por que el recitado en esta fase del trabajo suele ser en voz baja a tal punto que el director en una fase más avanzada en la creación del espectáculo le recuerda: ¡señor, no le oigo nada1 Lo que ocurre es que el actor está buscando la sinceridad de la frase, y ese suceso fonoverbal no se encuentra de buenas a primeras sino después de dar vueltas murmullando la imagen literaria. A veces encontrar la sinceridad de una frase puede llevar el signo de un arduo trabajo de meses, estalla luminosa un día cualquiera del ensayo, y no vuelve a parecer nunca más. Los actores lo saben muy bien, cuando dicen: ¡lo he perdido!, ¡he perdido el sonido inconfundible de esta frase!
Sucede así una circunstancia peculiar y es que arrastramos un complejo infantil de malos estudiantes. ¡Cuánto nos aburría el profesor de literatura de nuestra niñez cuando nos ordenaba leer!, ¡Cuántos grandes clásicos no leeremos de adultos por que fueron aconsejados en nuestra infancia escolar como lectura obligada en vacaciones por un profesor rancio y autoritario! ¿No ha sido luego más tarde que en el teatro nos hemos sorprendido al encontrar aquella obra, que nos negamos a leer por rebeldía hacia el maestro, otra obra bien distinta que nos ha llevado a la admiración? Pero si el actor quiere pasar pronto a la acción y olvidar su texto, en cambio, cada vez que se adentra más en su texto, se siente atrapado por la belleza del lenguaje que le hace hablar de una forma nueva. Es como si se preguntase: ¿es ésta mi voz? Cada lengua poética de un gran autor dramático lleva su inconfundible sello psico-cinético, una factura fonética y musical que modula los registros de la voz, la adiestran, la afinan, la expanden como las virtudes sonoras de un instrumento que aprende a sonar. Como nos dice G. BACHELARD “la poesía ayuda a respirar bien” (PES: 273). La apertura del imaginario que se produce por el estímulo literario recitado, declamado en voz baja, interiorizado, eleva nuestra voz a las cimas de una aclamación fonéticamente alejada de nuestro uso cotidiano y prosaico del lenguaje, diremos que siempre más pobre. Con la lectura íntima y murmurada comenzamos a embarcarnos en una poética de lo sensible. Tratando la imaginación del agua G. BACHELARD nos explica lo siguiente:
“Y si hay una experiencia, habría que hablar de una experiencia de la imaginación […] Para expresar no hay que leer tales proezas en la vida del agua refiriéndolas a nuestras experiencias, a nuestros recuerdos; hay que leerlas imaginativamente, participando en la poética de lo sensible, en la poética del tacto, en la poética de las tonalidades musculares”. (PES: 305).
Solo un gesto y recibiremos la curva sonora de un poema, cerrar los ojos para percibir mejor el texto dramático y sus imágenes. En este lenguaje poético del drama que se plasma en las grandes obras de la dramaturgia universal se hallan las cimas de la emoción. Son sin duda recipientes que fueron escritos para llenarse de emoción. Emociones que ocurren en un ser en la cima de la pasión. Emociones que no necesitamos vivir para expresarlas, sino imaginarlas dentro de una partitura que denominamos dramaturgia. Una fenomenología de la imaginación tiene mucho que decir de una fenomenología del habla, que restituye el valor de cada vocal, la resonancia íntima de cada vocablo.
“Parece que los múltiples comentarios que se han hecho sobre las -correspondencias baudelarianas- han olvidado ese sexto sentido que trabaja modelando, modulando la voz. Porque es un sexto sentido, llegando después que los otros, por encima de los otros, esta pequeña arpa eólica, delicada entre todas, colocada por naturaleza en la puerta de nuestro aliento. Esta arpa se estremece al simple movimiento de las metáforas. Por ella, el pensamiento humano canta”. (PE: 236)
La pasión estetizada en el orden poético hace que la voz que declama sea realmente contemplada en una “dualidad más sutil de la voz y del sonido alcanza el nivel cósmico en una dualidad del soplo y el viento ¿Donde está el ser dominante de la ensoñación hablada? Cuando un soñador habla, ¿quién habla, él o el mundo?" (PES: 281). Por la voz, como nos dice G. BACHELARD la “alegría de expresar es taan exuberante que, al fin, es la expresión vocal la que marca el paisaje con sus toques dominantes. La voz proyecta visiones. Labios y dientes producen entonces diferentes espectáculos. Hay paisajes que se conciben con los puños y las mandíbulas…hay paisajes labiados, tan dulces, tan buenos, tan fáciles de pronunciar….” (AGS: 281) Comparado el habla a un instrumento musical que toca las obras de un gran repertorio, el actor no quiere ser el violín sino sonar como un violín dentro de una gran orquesta. Si nos sentimos atraídos por el viejo oficio teatral y su literatura dramática es por que nos inquietan las pasiones humanas y en como éstas están metaforizadas por una expresión verbal con propiedades musicales y rítmicas.
Finalmente, a un actor se le puede perdonar todo y podremos encontrar curiosamente a excelentes actores siendo fatídicos y torpes lectores. Cabe recordar que el actor es un artesano de la psique que puede poseer medios innatos y divergentes para aproximarse creativamente al lenguaje poético. Y es esta la razón que es necesario proteger su círculo creador, respetar sus estrategias internas, y no sacrificarlas por un exceso de racionalidad. La creatividad y la imaginación actoral es un suceso tan frágil que cualquier impulso de orden y disciplina rectora ejerce sobre él inhibiciones que detienen la fugacidad de la expresión y la sorpresa, no permiten el buen cauce de su imaginación. El actor es y debe ser un ser vulnerable. Cuanto más vulnerable más nos emociona. Arriesga su ego. No es la mejor cualidad de un actor el ser cerebral, el de ser un analista. Preferimos más en cambio, su intuición, su ingenuidad, su espontaneidad a que sea un erudito. Nos aburren como los niños que levantan la mano a cualquier pregunta del profesor en clase. El director vuelve a hablar: ¡no me haga preguntas innecesarias! Es por esta razón, que no se le puede abrumar con conceptos. De ahí el fracaso de los llamados métodos que sólo son dosis de autoconfianza. El actor necesita confiar en algo o en alguien, ¿lo estoy haciendo correctamente? Se excusa continuamente y el director le pide que se concentre. Queremos que el actor lea la obra dramática como un cuento tal como lo hacen lo niños. Todo libro debería ser leído con una linterna arropado bajo una manta. Queremos que el director estudie mejor su obra. Esta benignidad con el actor no la defenderemos con el director de escena No obstante, el director de escena no puede excusarse como el actor. Debe estudiar su texto con escarpelo, debe estudiar y practicar las herramientas hermenéuticas, saber escuchar, hablar poco a sus actores y solo lo necesario, y desaparecer, siempre desaparecer. Queremos escuchar al actor, queremos oír y sentir las obras de nuestro repertorio. No deseamos encontrarnos con el director cuando ya ha cumplido su labor, como la obra de arte que tiene su firma impresa, que es antes de todo un sello de su genialidad, de su talento. El mejor director es aquel que sabe dirigir sin hacerse notar. Posee el talento que se encuentra en la zona de sombra, es el hombre solo.
Tanto el director como el actor, no volcarán su saber en un texto, no nos aportarán su conocimiento del texto dramático en una scripta, no es el objetivo de su oficio: realizan una hermenéutica silenciosa y furtiva, para después jugar con libertad. Sólo después de leer, incesantemente, leer sin descanso una y mil veces con una nueva pregunta, después de realizar este arduo trabajo, se puede alcanzar un nivel de lector que podrá habitar la imagen, que siente una adhesión en el lenguaje poético de su elección. Cuando esa adhesión ocurre, y ese es el momento de la vivencia psíquica de la actuación, no se está en condiciones de pensar, no se razona en un afuera de la imagen, como el objeto de nuestra curiosidad mirado con una lupa inspecionadora. Es el momento de una intuición que se manifiesta con absoluta concreción y libertad en el espacio. Esta adhesión, hay que aclarar, no se define en la llamada encarnación de la identidad psicológica del personaje de ficción. Es craxo revivir pasiones, metaforizamos pasiones y las vinculamos con nuestro registro sensorial. En ocasiones, después de actuar, después de haber habitado las imágenes del lenguaje, después de despertar de una acción interior cuando el círculo creador se ha desvanecido, se vuelve a leer, por que desea entender mejor, porque se necesita reconocer lo que no ha sido leído bien entrelíneas, lo que se encontraba oscurecido al sentido en un primer acercamiento. Se necesita volver sobre el error y esclarecerlo. Se necesita reorientar la vivencia en el cauce de una determinada línea de acción, se debe dilucidar toda ideología hostil a la cosmovisión de la obra. Cuando se piensa y se actúa a la vez se está lejos de manifestar una imagen poética. Existe como hemos visto de forma evidente una alternancia del análisis y el juego siempre renovado por lo efímero del acto donde toda sorpresa y todo azar suscitado es un nuevo vértigo de significado. Es por este motivo que ningún método crítico de análisis ha podido categorizar los deslizamientos que surgen entre el llamado texto dramático y la puesta en escena. No hay encadenamiento fiel del signo a aquello que es representación.
Ahora defendemos siempre, y por esto hemos utilizado este ejemplo de lector indisciplinado que puede llegar a ser un buen actor, y de lector disciplinado que debe ser un director, que el hermeneuta encerrado en su laboratorio de estudios literarios no está por encima de estas dos figuras. Tampoco inversamente podemos ser defensores de aquellos creadores que con el pretexto de su texto construyen toda clase de metáforas. Si algo nos aclara la fenomenología del imaginario es presentir esas simpatías arquetípicas que fulguran en imágenes familiares, las mismas que constituyen un buen texto poético. De este modo hacemos esta pregunta ¿A quién podríamos legitimar como la autoridad que dicta el verdadero sentido del texto dramático? ¡Hay tanta hermenéutica escolar aburrida que nadie lee, que ni siquiera pretender ser alguna vez leída, ni como consejo ni como mensajera del sentido! Ante lo que admira solo puede dar ejemplo de su derrota. Hermenéutica que sigue los preceptos escolares, el pragmatismo de los sistemas cerrados que fosilizan la lectura activa y ensoñadora. El lector profesional e institucionalizado ha abandonado en muchas ocasiones al lector infantil, al lector apasionado, al lector que participa en la imagen. Esta situación ha llevado a separar una sana tentativa de unión entre el profesor y el artista.
¿Y también no nos encontramos con tanta representación escénica surgida de una torpe y superficial lectura del texto dramático, convertida en un mero escaparate de imágenes, porque nuestros directores no saben hacer una adecuada hermenéutica dramática? La sola mención de esta disciplina provoca un fuerte rechazo en la comunidad. Y lo peor de todo, es la propia comunidad teatral que ampara este profesionalismo. El director nos dice con prepotencia “Yo leo, yo veo”. Es habitual observar en numerosas ocasiones al director como lector de anécdotas porque no ha entrenado ese músculo tan necesario que es una lectura crítica y bien disciplinaria. ¿Acaso, le preguntamos al director, el sentido que se extrae de una obra dramática surge de una especie de don innato?
El síntoma más evidente del menosprecio del análisis de la obra por parte del director es que entonces parece más inquieto por los estímulos externos al texto dramático, sea cual sea, que hacer de su texto la principal fuente del estímulo. De este modo se comporta como un cazador de metáforas externas más que ser un estimulador de metáforas. Siempre hay que recordar que la creación a partir de un texto dramático surge de muchos y variados estímulos externos, pero es el texto el principal inductor y contenedor de estímulos: la imagen literaria debe ser el motivo central de la excitación psíquica y de una curiosidad bien enfocada.
La hermenéutica tan denostada por los directores, en ocasiones, es un personaje dramático. Hermes el mensajero, es sobre quién cae la ley ciega, se le castiga con el exilio o la muerte, habla a los oídos de los que no quieren oír la verdad. Un pobre figurante, un desgraciado soldado que nunca será tratado con el mismo respeto y temor que un oráculo. Ambas, la del crítico y la del director, en sus posiciones más anómalas y excluyentes nos describen todo aquello de lo que deseamos huir. Aquello que no haremos jamás. Ni la verdad ni el método supone caer en el academicismo formal de endogamia discursiva universitaria, ni la libertad del creador supone apresurarse en la interpretación banal, en el discurso estético gratuito. En ambas acciones se nos exige como lectores volver, se nos pide regresar a nuestro libro con cierta tozudez y persistencia, Un lector crítico y a la vez ensoñador no se cansa de preguntar, nunca cree saberlo todo de su texto. Es capaz de revocar la afirmación que antes había defendido al esclarecer un dato que antes había ignorado. El distanciamiento nos hace entender mejor, la interiorización nos hace sentir e intuir. ¿Por qué tenemos que sacrificar una por la otra? Se piensa y luego se actúa, se actúa y luego se piensa, así sucesivamente. Se nos objetará que estamos defendiendo una postura que nada tiene que ver con el tono asertivo de una tesis doctoral. A esta objeción contestaremos que es posible esa tarea dual. No sólo nos es posible hacerla, sino que creemos que es necesario ofrecer instrumentos para poder realizarla. Es necesario pensar estrategias lectoras al servicio del estudio y al servicio de la escena lúdica al servicio de los alumnos, profesores de Arte Dramático, y los creadores escénicos que no olvidan la tradición textual del pasado.
El fenomenólogo de la imagen poética trata de vislumbrar esas direcciones oníricas que hacen posible el devenir psíquico de una imagen realmente vivida, y por tanto, pronta a hacer su manifestación. Vida imaginaria, vida renovada por la acción de imaginar el mundo que la obra dramática contiene. Entonces el sentido deja de ser solamente la comprensión de una certeza comprobada, también la iluminación por la cual cada imagen brilla, fulgura nuevamente. Si aceptamos este doble compromiso con el texto dramático, con lo que tiene de verdad y de placer, en la que anteponemos una lectura lenta a una lectura apresurada, seremos más ricos[5]. Estaremos en la posición donde veremos colaborar todo análisis con el juego. No es necesario, en definitiva, leer jugando y leer comprendiendo: olvidar al aburrido profesor de literatura del colegio y abandonar una cómoda posición de lectores vagos y obvios.
[1] Hemos recogido este título para encabezar la denominación de nuestros instrumentos de lectura por que en su origen fue con ocasión de unos talleres del teatro de los sentidos cuando se hablo de formar un equipo de investigación. La caja de herramientas era como se iba a llamar a estos laboratorios dedicados a desarrollar las poéticas del imaginario. Lo que no pudimos desarrollar en un grupo de trabajo escénico estable pero poco dispuesto a nuevas inquietudes lo vamos a desarrollar en parte en esta tesis aportando la teoría.
[2] BACHELARD, Op. cit. 2002 : 139: “un gran libro debe ser leído dos veces: una vez pensado, otra vez soñado en compañía de una ensoñación con el soñador que lo ha escrito”.
[3] Varios términos definen esas tendencias, por ejemplo, “orientación”, véase BACHELARD, Op. cit. 1966: p. ¿? 155Buscar.”No se trata en absoluto de materia, sino de orientación. No se trata de raíces sustanciales, sino de tendencias, de exaltación. Son las imágenes primitivas las que orientan las tendencias psicológicas; son los espectáculos y las impresiones los que, súbitamente, han dado un interés a lo que no lo tiene; […]”. El vocablo “impulso”, véase BACHELARD, Op. cit. 2002: p. 17. “Conviene a la imagen poética lo que Federico Schlegel decía del lenguaje: es una creación de un solo impulso- El fenomenólogo de la imaginación trata de revivir estos impulsos”. BACHELARD, Op. cit. 1992. b.: p. 37. “Un lector que imagina recibe un impulso de imaginación de un poeta que vive de imaginar”. “Eje de sueños”, veáse BACHELARD, Op. cit. 1992: 70: “Sin embargo, si pusiéramos probar que la imagen extraordinaria se produce normalmente siguiendo un eje de sueños”. BACHELARD, Op. cit. 2002: p. 307: “Revivimos, gracias al poeta, el dinamismo de un origen en nosotros y fuera de nosotros. Un fenómeno de ser se levanta bajo nuestros ojos, en una ensoñación a fondo, y colma de luz al lector que acepta las impulsiones de imágenes del poeta”. Otros términos utilizados por G. BACHELARD que aprecen en el último libro mencionado son “destino de imágenes” (312), “convicciones oníricas” (312)
[4] BACHELARD, Op. cit. 2006: 52: “¿Qué es lo que nos aconseja la actitud fenomenológica? Nos pide que instituyamos en nosotros un orgullo de lectura que nos dé la ilusión de participar en el trabajo mismo del creador del libro. No es posible adoptar dicha actitud en el curso de una primera lectura. La primera lectura conserva demasiada pasividad. El lector es aún casi un niño, un niño que se distrae leyendo. Pero todo buen libro debe ser leído inmediatamente. Después de ese esbozo que es la primera lectura, viene la obra de la lectura. Entonces hay que conocer el problema del autor. La segunda lectura…la tercera… nos enseñan poco a poco la solución de ese problema. Insensiblemente hacemos nuestros el problema y la solución. Este matiz psicológico: deberíamos haber escrito esto nos sitúa como fenomenólogos de la lectura”
[5] BACHELARD, Op. cit. 2002: 313 (PES): “Los libros también tienen su propia ensoñación.Cada uno tiene una tonalidad de ensoñación, puesto que toda ensoñación escrita cuenta con una tonalidad particular […] Los libros son, pues, nuestros verdaderos maestros de soñar. Sin una total simpatia por la lectura, ¿Por qué leer? ¿Pero cómo dejar de leer cuando realmente se ha entrado en la ensoñación del libro?
martes, 21 de julio de 2009
¿Cómo ordenar nuestro ámbito de estudios doctorales de una vez?
II. Orden y definición preliminar de esta área de estudios doctorales en tres principales bloques: Dramatología, Teatrología y Escenología.
Intentando poner orden y clarificando la cuestión terminológica, nuestro ámbito de estudio doctoral, para determinar donde nos situamos nosotros y nuestra línea de investigación, conviene postular que se divide en tres grandes bloques que no se pueden obviar: la Dramatología, la Teatrología, y la Escenología. Hemos considerado necesario revisar los fundamentos y contornos de estas disciplinas antes de comenzar nuestro trabajo porque ya en nuestra anterior investigación nos encontramos con dificultades epistémicas. Las barreras que separan estos tres grandes conjuntos pueden resultarnos bastante confusas mucho más cuando en la actualidad se utilizan recurrentemente en el ámbito de estudio sin comprender sus matices y sus diferencias de área. Utilizamos de forma común lo “dramatúrgico” para referirnos a lo que es propiamente escénico, o nos referimos a “teatro” cuando estudiamos un texto dramático literario. Si bien su uso no suficientemente matizado en un local de ensayo, en un artículo periodístico, en otro medio más prosaico y flexible no tiene importancia, si lo tiene cuando hacemos investigación. La causa de este singular estado de nuestros estudios se debe principalmente a como durante la historia del teatro estos ámbitos han estado entreverados, idea que se puede estudiar en un buen libro promovido por la profesora VEGA [1] titulado “Poética y Teatro. La teoría dramática del Renacimiento a la Postmodernidad”. Estos tres bloques son los que acogen de partida, a nuestro entender, las diversas líneas de investigación doctoral en Artes escénicas. Cada una posee un ámbito propio con sus métodos y herramientas de estudio. Esto no quiere decir que nos hallamos ante tres ámbitos separados y reacios a encontrar una complicidad y posible sinergia, pues en ocasiones se yuxtaponen como tres anillos enlazados. No obstante cualquier línea de investigación debe ser consciente al emprender su actividad investigadora cuando pisa el terreno de un área y cuando entra en otra área. La investigación debe tratar de dilucidar las “herramientas epistémicas” que permiten relacionarlas y anudarlas. Es por esta razón que no debemos aceptar los sentidos por sentado y es útil incidir en buscar los orígenes semánticos de los términos troncales básicos de nuestra especial área de estudio. Como también comprender las derivaciones semánticas que estos mismos términos han sido plasmados en distintos periodos a lo largo de la historia como si fuera una corteza. Esto último no significa obviarlas sino ordenarlas debidamente de tal manera que nos ayuden en nuestra labor investigadora.
1. La Dramatología: origen, concepto y delimitación de su área
1) Tenemos así que señalar un gran bloque de estudios doctorales que llamaremos, grosso modo, “Poética”[2], dividida en teoría de la literatura dramática y épica, la historia, y la crítica específicamente literaria. La primera (dramática) estará a su vez dividida: en conocimiento de las formas y estructuras o “Dramaturgia”, y conocimientos de los contenidos (sentido y valor) o Hermenéutica. La Poética llamada dramática trata principalmente de un género literario: lo dramático, y especialmente la de género trágico, en cuanto nos presenta una fábula (mythos), que tiene una finalidad (catarsis), una forma de discurso o estilo (prosa o verso). Cuando utilizamos la palabra “dramático” o el prefijo “drama”, si recogemos su sentido original aristotélico[3], nos señala un tipo de creación literaria que imita (mimesis) un conjunto de acciones que reflejan conflictos y problemas (dramas) de caracteres o personajes, que posee un estatuto de ficción, cuya exposición ha sido tramada hábilmente por el poeta según los principios de verosimilitud, necesidad y decoro. De este modo la dramaturgia es el estudio de un ámbito de la literatura: la literatura dramática. En sus contenidos y valores el poema dramático es objeto de estudio hermenéutico. Todo estudio que emprenda su indagación acerca de una realidad textual se mueve siempre dentro de un “círculo hermenéutico”, pues se encuentra con unas delimitadas fronteras textuales y extrae de ella y solo de ella los contenidos de forma, estructura, sentido y valor. Englobando este campo de estudios en el seno de los estudios hermenéutico-literarios nos vamos a referir a una Dramatología[4] como una unidad de campo que gira en torno al estudio del texto literario dramático, incidiendo claramente en que este área no estudia lo que ha sido escenificado o puede ser escenificable. Del que podemos definir tres tipos de literatura-dramática: aristotélica, anaristotélica y antiaristotélica. Como fin, los estudio dramatológicos reúnen la hermenéutica de los textos dramáticos, el estudio de las preceptivas existentes sobre composición de un texto dramático y la creación y composición de un texto dramático. La Dramatología como rama de estudio implica ordenar todas las cuestiones que afectan a la comprensión del texto dramático. Nos garantiza extender un mapa crítico de las tendencias críticas volcadas en la comprensión de un objeto de estudio específico, jerarquizándolas de lo general a lo concreto. Una Dramatología además de aportarnos herramientas de análisis nos ofrece la posibilidad de comprender cada hermenéutica como una determinada posición crítica frente al texto. Esta perspectiva amplia nos ayuda a ser conscientes cuando un acto interpretativo puede imponerse como visión totalizadora sesgando otros niveles de sentido. El texto dramático es una unidad, es un todo, es un cuerpo con una organicidad que no debe quebrarse en aras de una determinada posición hermenéutica.
El objetivo de la Dramatología es entrenar las herramientas de “lectoanálisis” tomando como objeto el texto literario- dramático. Para emprender este trabajo se deben seguir varios pasos y en orden haciendo una lectura con escarpelo: primero, un estudio de la forma o dramaturgia. Segundo, un estudio dramatológico que a diferencia del anterior trata de investigar los contenidos latentes de la obra. Diremos que la Dramatología, es el estudio de lo que está debajo de la trama explícita, como aquellas esculturas antiguas que el tiempo ha sesgado sus miembros pero expresan el dinamismo de la forma proyectándose más allá de la línea de la forma. La Dramatología propone desenredar una trama hábilmente tramada tomando en cada lectura cada uno de los hilos. Las fases de todo lectoanálisis son: la lectura, la descripción, el análisis, la síntesis y por último la súper síntesis. Una obra dramática sobre la que hemos estrechado nuestro círculo hermenéutico puede ser objetivada en una sentencia elemental.
2. La Teatrología: origen, concepto y delimitación de su área
2) Entre este primer bloque y el siguiente podemos hacer referencia a un ámbito tan difuso y difícil de encuadrar a nuestro entender como es el de teatrología[5] cuyo campo de investigación es muy amplio y diverso. Para intentar encuadrar las perspectivas actuales de la teatrología y delimitar su área nos hemos remitido a una de las obras del profesor MARINIS[6] que nos ofrece cuatro entradas principales de estudio: Semiótica, Historia i Historiografía, Sociología y Antropología. Toda investigación que se adentra en el conocimiento de un objeto de estudio lo hace desde las fronteras del documento ya sea iconográfico, lingüístico o de otra índole documental. El objeto de estudio es el “hecho teatral”, en el sentido nominalista de “theatron” que significa “lugar desde donde se mira”. Aquí estamos ante un hecho o un acontecimiento externo al texto, pero sin duda, en muchas ocasiones referenciado a él. Nuestra herencia cultural no solo nos entrega textos dramáticos también nos deja otro tipo de documentos que hacen que el interés de estudio se bifurque hacia lo representado, lo acontecido, en el hecho teatral donde el texto dramático ya no ocupa su centro autárquico. Esta posición de la teatrología, como muy bien nos advierte PAVIS surge en el clima de las vanguardias reformadoras del teatro del siglo XX por dos razones: “la emancipación del teatro del reino literario” y “el advenimiento de la puesta en escena” (1984: p. 406). A la que añadiremos nuestro punto de vista: el texto dramático remite a otra cosa que fue (representación) y que necesitamos conocer (indicios de representabilidad). El texto dramático ya no es la génesis de la que puede ser una creación escénica pues existen otros elementos que entran a formar parte en igual importancia y nos podemos encontrar otras formas de descripción (descriptores). El hecho escénico-teatral suele estar registrado en otro tipo de documentos que no son un texto literario o son para textuales. La contribución más notable de la teatrología es advertirnos cuando centramos nuestra atención central sobre el hecho escénico-teatral como estamos en muchos casos ante una herencia secreta que necesita ser rescatada del olvido. La teatrología desde la variedad de sus herramientas trata de visualizar una dimensión oculta y en buena parte escondida bajo ese gran conjunto de monumentos textuales de la dramática clásica. Las preguntas que debemos hacerle a una teatrología es si como ciencia y ámbito de estudio puede se tratada como un área que puede albergar todas las iniciativas del estudio como “theatron”. Hay que considerar uno de los principales asuntos que centran el interés de la teatrología. El hecho teatral es un acontecimiento público y social por la cual todas las particularidades de lo dramático y le escénico se unen y fusionan en una asociación plena y llena de sentido en el acto de recepción generalmente colectivo de la imagen poética.
3. La Escenología: origen, concepto y delimitación de su área
3) Y por otro lado tenemos que distinguir un gran tercer bloque que se ha denominado Escenología[7] y que nos preguntamos si puede formar un ámbito autónomo o queda englobado en la misma Teatrología. La “skene” es el espacio de los actuantes dentro de un “theatron”. Conforma un área espacial dentro de un recinto arquitectónico al que dota de una función bien determinada: como lugar de la representación. El concepto de Escenología, como ciencia de la puesta en escena, veremos más adelante es bastante reciente en el tiempo, y nos remite originalmente al termino de “scenovedenie” empleado por MEYERHOLD hace ya más de un siglo. La escena se convierte en el lugar de una ciencia experimental, un laboratorio de las artes que investiga los problemas propios de la representación- Así lo define MEYERHOLD: “hay que entrenar el movimiento, entrenar el pensamiento, entrenar la palabra. Es una empresa grandiosa que sólo puede realizar un teatro especial, considerado como un centro de investigación científica, que cuenta con un laboratorio, que tiene una atmósfera propicia para hacerlo “(1992: p. 269). La Escenología para MEYERHOLD es el ámbito de estudio de las técnicas de la puesta en escena que dividirá en tres[8] áreas: una “tecnología de la interpretación”, una “tecnología de la dirección”, y una “tecnología de la dramaturgia”. Si bien esta última nosotros la situaremos en el campo de lo que hemos denominado anteriormente como Dramatología. Tenemos que entender que cuando MEYERHOLD nos habla de la necesidad de fundar un instituto una tecnología de la dramaturgia muy próxima y en complicidad con unas tecnologías más propiamente escenológicas está pensando sin duda, como profundo conocedor de las grandes épocas del teatro, en un “triangulo de oro”: una técnica altamente cualificada del actor que hay que formar y preparar, un gran dramaturgo que condense la ideología y el espíritu de una época presente y por último una nueva sociedad, que en su caso era la nueva sociedad fundada con la revolución del Octubre rojo. Este triángulo de oro es el que conforma para MEYERHOLD una época “genuinamente teatral”. Es evidente que el imaginario teatral de MEYERHOLD no solo lo formaba un “repertorio clásico” (Shakespeare, Moliere, CalderÓn, etc.) sino también toda una serie de dramaturgias de fuerte carácter identitario nacional y social (Pushkin, GOGOL, etc.), como también las que surgieron del clima de las vanguardias (es el caso del futurismo y la dramaturgia de MAIAKOVSKI), y muy influenciada por las corrientes dramatúrgicas europeas en boga en aquel periodo histórico (MAETERLINCK).
4. ¿Podemos hablar de una “ciencia de la puesta en escena” o Escenología?
Nosotros postulamos una autonomía de campo para la Escenología. Su origen es bien definido en la historia del pensamiento teatral. Ciertos artistas reformadores de la escena comienzan a reflexionar y escribir sobre las cuestiones propias de la representación y desarrollan un ámbito de investigación tanto teórico como práctico. Hasta ese periodo histórico los problemas propios de la representación, las cuestiones derivadas del arte de la puesta en escena, formaban parte casi siempre de una tradición secreta, sea familiar o gremial, transmitida de forma oral, pero muy raras veces volcada en escritos o documentos. Mientras que durante la historia del teatro las preceptivas literario-dramáticas se difunden en occidente en los círculos restringidos de unos pocos letrados, es el caso de las sucesivas revisiones de la poética aristotélica, en la calle, en el púlpito, en la plaza crece y se desarrolla esa otra tradición farsesca, juglaresca, trovadoresca, la Commedia dell´Arte que dará lugar entrado el siglo XVI y el siglo XVII a las dos grandes tradiciones del Teatro, las dos con un intenso raigambre popular. Nos referimos al teatro isabelino y al teatro del siglo de Oro español. Vemos que el primer bloque ya viene definiéndose desde hace mucho tiempo en los estudios universitarios. Desde que en el siglo XIII llega a Occidente la primera traducción de la poética ésta se ha difundido y diversificado en numerosas preceptivas de la creación literaria dramática. En estas primitivas universidades se estudia la preceptiva clásica, se revisan y se traducen los textos dramáticos clásicos, se escriben dramas tomando los modelos de las antiguas tragedias conservadas, se busca y se discute la forma apropiada de representarlas. Pero esta inquieta actividad intelectual se encuentra alejada de lo que una teatrología llamaría “vía silenciosa o secreta” del arte teatral que discurre por otro cauce. Hoy sabemos, como ejemplo más evidente, como la Commedia dell´Arte reunía un conjunto de saberes que se trasmitían y enseñaban de unas generaciones a otras[9] de forma oral, y si bien los pocos documentos escritos son pequeños esquemas escenotúrgicos o “canovaccios”. El propio teatro isabelino o el Teatro del siglo de Oro[10] español todavía para nosotros guardan enigmas sobre sus formas de representación. El propio SHAKESPEARE que contribuyó a la dignificación del arte del actor cuando éste era considerado poco menos que un maleante y un vagabundo nos ofrece unas pocas notas escenológicas en algunas de sus obras, entre ellas el célebre discurso de Hamlet a los cómicos de como recitar un verso. Es el dramaturgo en ocasiones actor y primitivo “regisseur” quien nos deja inscritos en sus obras dramáticas algunas notas metateatrales con las que podemos entender cómo pudo ser una técnica de la representación. Se escriben preceptivas de como construir un teatro, de como escribir un drama en los albores del renacimiento, pero sabemos muy poco sobre la sabiduría de algunos fenómenos escénicos, las reglas que lo constituían, y las formas de transmisión de una herencia.
Será a finales del siglo XIX y comienzo del XX cuando podemos comenzar a hablar de una Escenología en cuanto tal, como ciencia. Pertenece en gran parte de los creadores que han reflexionado sobre las cuestiones de la puesta en escena desde finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Son cuatro grandes pilares los que apuntalan su nacimiento de forma más destacada: Adolphe APPIA, GORDON-CRAIG, STANISLAVSKI, y quién será su discípulo MEYERHOLD. No es que anteriormente no podamos encontrar reflexiones escritas y documentos sobre una posible ciencia de la escena (DIDEROT[11], WAGNER, GOETHE entre otros), o en la misma insatisfacción de ciertos dramaturgos ante las formas de representación de su tiempo lo que les lleva a crear su propio teatro, sino que con estos cuatro creadores la Escenología adquiere ya una dimensión capital y ejercerá una influencia en las técnicas de representación posterior. Son el tronco desde el que surgirán las diversas ramas de la escena moderna y lo que es hoy el estudio escenológico.
Hay varias razones que motivan el nacimiento de la escenología tal como podemos estudiarla hoy y por lo cual podemos defender su “autonomía de campo”:
1) El advenimiento de la figura del director de escena, el “regisseur”, como organizador de la composición global del espectáculo. Entre estos grandes directores, unos se resistirán a hablar de un método, de un conocimiento específico del que puede constituirse una serie de reglas (ciencia) citando aquí, como ejemplo emblemático, la resistencia a la teorización de un gran director de escena como es Peter BROOK[12], “Nunca he creído en una verdad única, ni propia ni ajena. Creo que todas las escuelas, todas las teorías pueden ser válidas en determinado lugar, en determinado momento. Pero a la vez he descubierto que uno sólo puede vivir si posee una absoluta y apasionada identificación con un punto de vista [...] Para que cualquier punto de vista sea útil, uno debe comprometerse con él totalmente, debe defenderlo incluso hasta la muerte. No obstante, al mismo tiempo, hay una voz interior que nos murmura: No te tomes tan en serio. Afírmalo con fuerza. Abandónalo con ligereza”. Otros directores paralelamente a su trabajo escénico desarrollarán métodos y teorías de la escenificación difundidos en una obra teórica.
2) Estos creadores intentan “dignificar” una profesión devaluada y sometida a los rígidos convencionalismos del teatro burgués, decadente, o sometida a la vulgarización del gusto popular, y por tanto, reflexionan los problemas propios de un oficio al que intentan dotar un estatuto de verdadero arte. Aparece el concepto de “arte teatral”. Estos creadores aportan métodos, técnicas y aptitudes. Casi siempre esta reflexión estética derivada de los problemas del arte se mezcla con las apreciaciones éticas del trabajo teatral. La Escenología como tal no está desprovista en sus inicios de unos códigos deontológicos. “El mérito de mi trabajo de entonces residía en que me afanaba en ser sincero; buscaba la verdad, y expulsaba la mentira, sobre todo la teatral, la llamaba oficio escénico. Comencé a odiar el teatro dentro del teatro, y buscaba en él la vida verdadera, genuina, que por supuesto no era la vida vulgar y cotidiana, sino la artística” (STANISLAVSKI, 1988: 136)
3) La Escenología como conjunto de saberes se interesa por reflexionar sobre las fuentes de la teatralidad o la especificidad de su lenguaje. Esta tarea es lo que se ha denominado “retrealización” del teatro en cuanto estudia los paradigmas de las grandes épocas teatrales. Curiosamente el nacimiento de la escenología aparece casi paralelamente con la aportación de las nuevas técnicas de la imagen: la tramoya mecanizada, la iluminación eléctrica, la invención del cinematógrafo, la eclosión de las artes plásticas en las vanguardias. Estos descubrimientos y novedades repercutirán sin duda en las formas de composición de la escena. Pero debemos observar una cuestión importante. La escenología, en su origen, el pensamiento escénico, se pregunta por las cualidades propias de su lenguaje artístico, qué es la teatralidad, y por esta razón se volcará a reflexionar sobre el pasado, como bien menciona MEYERHOLD como las “épocas genuinamente teatrales” extrayendo de la tradición parte de sus técnicas y métodos. La escenología así entendida puede comprenderse como una “ciencia retrospectiva e introspectiva” del lenguaje teatral que se reinventa asumiendo una “tradición viva” que necesita ser interrogada y redescubierta en sus periferias limítrofes con el olvido (teatro medieval) en sus tradiciones secretas (Commedia dell´ Arte), en sus manifestaciones marginales (el juglar, el bufón), con pasión etnográfica (los teatro del oriente), identificándose con el teatro más popular (lo grotesco), y en las grandes cimas de la historia del teatro (las épocas genuinamente teatrales). “Cuando para edificar el nuevo teatro yo buscaba lo sano, lo servible, lo que deseaba rescatar de las épocas genuinamente teatrales era porqué estimábamos que de allí, del comienzo de la tradición debe extraerse todo aquello sin lo cual el actor no puede trabajar en el escenario. Pero debemos decir: recuperar las tradiciones en la medida que con las tradiciones se infiltra la ideología, la cosmovisión, la concepción del mundo, el ideario. En esto está precisamente nuestra misión: apropiarnos de las técnicas, pero no permitir de ningún modo que se infiltre una ideología hostil a nosotros”. (MEYERHOLD, 1992: 258)
4) La necesidad de crear centros de investigación y escuelas de formación incidiendo en el entrenamiento “preespresivo” del acto de comunicación teatral. Veremos como se populariza la idea de “instrucción” o de “entrenamiento”, u otros términos sinónimos como “laboratorio”, “Dramatic Workshop”. No solamente se trabaja con el fin de representar sino que se hace necesaria una exploración de las capacidades expresivas. Estos creadores se preguntan como pueden incitarlas, desarrollarlas en mayor medida.
5) Estos creadores de la escena intentan cristalizar epistemes y por tanto le dan un estatuto de ciencia. Ya hemos mencionado como MEYERHOLD comienza a utilizar ciertos vocablos como “tecnología” o “Escenología” a la hora de referirse a la investigación de los discursos escénicos.
6) Por que encontraremos un amplio y diverso espectro de investigaciones escenológicas nos muestra una genealogía: una herencia que puede historiografiarse, confrontarse en el estudio, y por tanto componen ya una base de estudio de volumen considerable al que hay que prestar atención.
7) La escenología además de enfrentarse a los problemas derivados de la representación de un repertorio textual clásico, como área de investigación intenta responderse a los problemas planteados a la escenificación de las dramaturgias de su tiempo. Aquí podemos añadir que la Escenología en ocasiones se proyecta en lo utópico, lo que todavía no puede representarse pero que sin embargo se encuentra en estado de “tentativa”. “Esta opinión proviene de que he hecho muchos diseños sobre papel […] y es que antes, carecía de una simple hoja, pero tenía un teatro donde transportaba directamente a escena los proyectos surgidos en mi mente. Luego ya no tuve teatro donde trabajar, y como mi mente no me dejaba en paz por haber dado tal o cual forma a mis ideas, me obligaba a dejarlos estampados en una hoja de papel”. (GORDON CRAIG, 1987: 9). La Escenología es una ciencia proyectiva y prospectiva. La escenología anuncia un porvenir.
8) La necesidad de los creadores de la escena de encontrar léxicos, conceptos y métodos pertenecientes a otras disciplinas del saber con los cuales definir sus experimentos, ya sea de las ciencias psicológicas, de la antropología cultural, de los estudios etnográficos, etc.
9) En que la Escenología como ciencia humanista intenta comprender formas de representación externas a su círculo cultural o identitario (etnocentrismo) contribuyendo a crear un conocimiento universal de las ciencias de la representación. Es el caso de la antropología teatral de Eugenio BARBA[13], la escuela de Pontedera de Jerzy GROTOWSKI son vías más recientes de esta inquietud pero que también están presentes ya en los primeros creadores-escenólogos.
10) En la medida en que los textos escenológicos gozan de una repercusión: se difunden, se leen, se estudian y se analizan, se practican, se deforman sus teorías, o dan como surgimiento otros campos de exploración.
Veamos a ver en que tres grandes ejes de exploración desde sus orígenes se puede constituir una escenología:
En el caso de Adolphe APPIA la Escenología quedo proyectada en una abundante obra teórica[14] . Gran parte de su obra solo pudo materializarse, tras sus intentos frustrados de escenificar la opera wagneriana, en los espacios eurítmicos en el instituto DALCROZE. Tanto APPIA como GORDON-CRAIG son los padres de lo que hoy podemos llamar “tecnología de la composición espacial” ya plenamente moderna, avanzándose en su tiempo a los discursos estéticos de la arquitectura y de la escultura. El centro de su discurso escenológico es el espacio y la luz. No es casual que gran parte de las ilustraciones presentes en sus escritos nos ilustren casi siempre un espacio vacío, sin ejecutantes, como drama de la luz y de sombra como si reflejasen un estado “latente” del espacio antes de la entrada de una determinada acción dramática. La Escenología como investigación del espacio nos muestra un espacio de la “protoacción”.
De todos ellos el más conocido y a la vez es el más desconocido es STANISLAVSKI[15] donde el centro de debate escenológico es ante todo el arte del actor y su círculo íntimo y creador. STANISLAVSKI es el padre de lo que hoy llamamos la “tecnología de la interpretación” y todo lo que puede discutirse sobre la interpretación debe partir en principio a él. Stanislavski nos presenta un caso singular como una personalidad teatral del siglo XX con herramientas artísticas del XIX. Fue el primero que comprendió el alcance de las ciencias psicológicas de la floreciente Viena del novecientos. La convicción del actor se trabaja desde dentro, el actor hace fenomenología con la imagen, la crea en su interior, construye el devenir psíquico que lo lleva a una acción, y si logra hacerla suya alcanza un estado de emoción. Si bien este salto de gigante propiciará un amplio discurso teórico, podremos observar que esta progresión en lo escenológico-interpretativo no se verá acompañada de una contundente revolución del espacio. El actor aprende a buscar imágenes internas que den sentido a su acción pero chocará con los viejos decorados. En esta cuestión la posición del director ruso es ambivalente: sus escritos nos muestran un director preocupado e inquieto por explorar las formas estilísticas de la escena: esquematismo, simbolismo, costumbrismo, línea de lo fantástico, naturalismo, realismo, etc, y por otro tomándolas en un papel secundario frente al arte del actor.
Con MEYERHOLD el teatro de la convicción en el que comienza su aprendizaje de joven junto a STANISLAVSKI en su andadura personal alcanzará el polo contrario hacia un teatro de la convención. El actor no es el centro del discurso escenológico como ser ensimismado y abstraído dentro de un conjunto de elementos que forman parte de la escena. La contribución a la Escenología por MEYERHOLD será la de tratar de hallar una “tecnología de la composición rítmica” de la representación, la escena es un confluencia de ritmos en una composición general que puede estudiarse externamente, y todos los elementos que confluyen se organizan dentro de un esquema rítmico general. Idea que no era obviada por su maestro STANISLAVSKI cuando utiliza los términos del lenguaje musical para explicarnos los distintos tempos de la representación en su conjunto. Con MEYERHOLD esta composición rítmica se construye desde una exterioridad como máscara, como convención.
La Escenología después de este breve resumen puede dividirse así en estas tres áreas antes descritas como “tecnología de la composición espacial”, “tecnología de la interpretación”, y“tecnología de la composición rítmica”. Son las que plasman una ciencia de la puesta en escena como disciplina artística que engloba el espacio, la acción y el tiempo. Casi nunca en las reflexiones de estos creadores están separadas como áreas autónomas sino que inevitablemente los progresos en una rama del área de la Escenología conllevan una transformación en las otras ramas. Por lo que cualquier escenología debe tener en cuenta siempre una investigación paralela en las tres áreas y en sintonía. No es posible hablar de una progresión en el arte de la interpretación sin ocasionar un cambio en las consideraciones de la composición del espacio de la acción dramática, o no podemos estudiar la composición rítmica de la representación sin reflexionar sobre las formas de composición del espacio o el arte de la actuación. Es implícito en los discursos de la Escenología una transversalidad de estas tres principales ramas “cuando hablamos de tecnología, cómo debemos abordar este problema? “El proceso tecnológico no debe estudiarse separado de todo el conjunto de cosas de que he hablado más arriba (se refiere a los métodos de interpretación y de puesta en escena) y que se basa en el pensamiento”…. (MEYERHOLD, 1992: p. 285)
Este muy somero resumen no trata de hacer acopio de toda la complejidad de la Escenología, de por sí enormemente extensa, y desatendida en muchas ocasiones de la revisión y el estudio, sino conocer su origen y sus principales fundadores. Toda la Escenología posterior, nos guste o no, parte de este tronco. Es inevitablemente necesario cuando tratamos de edificar una Escenología contemporánea volver al estudio vigoroso de sus orígenes. En este sentido toda escenología contemporánea debe comprometerse primero en una severa historiografía de las distintas teorías, debe dirigirse hacia un trabajo de traducción y edición de sus textos fundamentales de los cuales bastantes están sin traducir, debe elaborar guías de lectura para comprender estos textos con rigurosidad, y por último, debe trazar el inicio de una “escenología comparada” donde son contrastados sus principales términos y praxis.
4.1. Nuestro punto de vista sobre una Escenología
La Escenología nos remite a su origen griego como “skene”. Es el espacio donde se situaban los actuantes,” y por consiguiente el lugar que ha sido trazado con un “círculo creador”. La “skene” es anterior al mismo “theatron” desde que en los orígenes del rito en las distintas formas del culto alrededor de un acontecimiento mimético establece su círculo mágico. No es casual ni anecdótico que la “skene” en los antiguos teatro griego haya sido de forma circular hasta ir convirtiéndose en un paralelípedo en las arquitecturas teatrales posteriores. Esta transformación de lo circular, lo elíptico, lo sinosuidal hacia un cosmos ordenado por la línea toma una verdadera dimensión simbólica pues encontraremos bien arquitecturas del “ánimus” y del “ánima” durante la larga marcha de la historia del teatro. La Escenología no hace sino reflejar a la antigua pugna de lo dionisíaco y lo apolíneo, entre un cosmos ordenado por el texto y la arquitectura y otro que hace entrar el devenir en una inmersión de los sentidos.
4.2. La Escenología: definición taxonómica
Para nosotros la escenología intentando englobar un conjunto de disciplinas artísticas, algunas de las cuales no podemos dejar fuera de la reflexión escenológica, trata de las “praxis performativas” en un espacio resignificado por el “juego creador” con unas cualidades poéticas (se totalizan los signos con un atmósfera), por lo cual no tenemos una mera percepción de lo real, sino que nos sustrae de lo real y nos abre a la percepción de un imaginario, donde nos encontramos ante algo más bien soñado, ensoñado o irrealizado. Cuando sucede este círculo creador abre ante sí una aureola imaginaria que nos abstrae de nuestra apreciación común de la realidad por otra más condensada e intensa, por lo que se transforma nuestra conciencia del tiempo y la duración[16]. Esta definición algo enrevesada, muy amplia y transitoriamente, la definiremos así, diferenciando esta “praxis” concreta de aquellas “praxis” del espacio poetizado tanto escultórico como arquitectónico, muy relacionadas con la primera. Disciplinas estás últimas de la forma espacial inmóvil e inerte, como juego del volumen, la luz, y la sombra. Si hemos emprendido esta definición un poco rígida y taxonómica es por que nos encontramos dentro de este ámbito escenológico no sólo con el estudio de las técnicas de puesta en escena de un repertorio textual, sino con otras manifestaciones performativas, sea el caso de la danza, el llamado teatro de objetos o gestual, aquellas manifestaciones performativas surgidas en el clima de las vanguardias como la acción y el “happening”, y ciertas formas de “enviroment” que introducen al visitante en un marco temporal o “vivencia de la duración”.
4.3. La Escenología estudia los metalenguajes del acontecimiento performativo
Para comenzar vamos a detenernos en explicar muy bien que es lo que distingue fundamentalmente cualquier representación performativa ya sea ritual, ceremonial, festiva, parateatral o teatral. Siempre que estemos ante un acontecimiento de tal índole, nos encontraremos, en sus plurales formas de manifestación expresiva, un denominador común. Como trata de organizar y constituir su propio “metalenguaje[17]” y por consiguiente diferentes estratos de participación activa en ese metalenguaje por las personas que asisten al acto performativo. Sirviéndonos de un ejemplo tópico, el chamán-mago realiza una serie de actos que solo él puede realizar en una comunidad tribal. Él es el especialista de una técnica ritual. En el caso griego tenemos tres estratos, pues al coro se le atribuye una esfera intermedia entre lo que se representa y aquellos que miran y escuchan el acto. La escena como lenguaje fono-verbal, gestual, plástico, como acontecer sensorial, siempre posee su propio metalenguaje: es una de las características implícitas de todo acto performativo. La Escenología se sitúa en ese nivel entre el lenguaje en cuanto tal y los metalenguajes que lo constituyen. Varias palabras son comunes en la escenología para apoyar esta aserción: hablamos del pre-juego, de la preexpresividad, de la técnica, todas ellas palabras que se rodean de una atmósfera, en muchas ocasiones, de iniciación, misterio y secreto. Esta es una de las tesis de Antonin ARTAUD en su teatro metafísico “Hacer metafísica con el lenguaje hablado es hacer que el lenguaje exprese lo que no exprese comúnmente, en emplearlo de modo nuevo, excepcional y desacostumbrado, en devolverle la capacidad de producir un estremecimiento físico, en dividirlo y distribuirlo activamente en el espacio”. Esta reacción instintiva ante lo teatral como lenguaje de la palabra no debe hacernos olvidar el concepto mismo del metalenguaje del que nos advierte ARTAUD en estas líneas. Si bien debemos diferenciarlo así de posibles significados con los que llegara a confundirse[18]. Todo metalenguaje performativo es la expresión de lo concreto y de lo sensible y con él explicaremos un orden “velado”, una “ur” estructura, que actúa sobre una serie de fenómenos perceptivos. Ante un acontecimiento preformativo no “vemos” sino que se construye una “mirada”, no se “oye” sino que se construye una “escucha”, no solamente “sentimos” sino que se construye una “vivencia”. En dos aspectos actúa un metalenguaje: en lo que podemos denominar una unidad de atmósfera y la metáfora, o en términos empleados por las ciencias psicológicas como “condensación” y “desplazamiento”. Esta analogía entre la escena y lo soñado es también señalada por la profesora UBERSFELD “el teatro posee, de igual modo, el estatuto del sueño; se trata de una construcción imaginaria, y el espectador sabe que esta construcción queda radicalmente separada de la existencia cotidiana” (1998: p. 34). También encontramos estos dos niveles, entre lo implícito y lo explicito a tal punto que un metalenguaje puede quedar velado como un jeroglífico. Como en términos freudianos pudiésemos describir como si todo tuviese una “X común”[19]. Lo manifiesto y lo latente, se integran en el tejido de la significación ya que no podemos desprender ese conjunto de percepciones que se crean eN una representación, de aquella estructura latente que configura el espacio, crea un modo de recepción, se sirve de un contexto y se desenvuelve en una dramaticidad. El metalenguaje define la estructura latente por la cual lo manifestado-sensible se presentaría como algo deshilvanado[20].
4.4. La Escenología como ciencia de la inspiración
Como “círculo creador” trataremos de considerar la Escenología en su sentido más lúdico, como muy bien nos dice la profesora UBERSBELD “El espacio escénico es el área de juego” (1997: 112).
La Escenología como ámbito de estudio puede abocarnos a una idea contraproducente y ciertamente paradójica pues trata de situar su foco en una técnica o conjunto de iniciativas que nos ofrece la oportunidad de una acción liberadora en el espacio. Pues donde hay imaginación hay libertad. Quizá corresponde más a lo lúdico y al “esparcimiento” que al análisis y el ensayo propios de una ciencia. Campo de tentativas valiosas donde podemos permitirnos el lujo de errar. Lugar del azar y los encuentros fortuitos e imprevisibles, o “caos que se organiza[21]” ARTAUD. Espacio de una “sabiduría innata del cuerpo” donde la intuición toma al fin sus decisiones. Lugar donde la creatividad y la imaginación expanden nuevas rutas de trabajo. Sitio donde el ritmo sustituye a la disciplina demasiado ordenada. La escenología si puede ser una ciencia debe ser para nosotros algo parecido a una “ciencia de la inspiración.
5. Dramatología y Escenología: “interpretar” y “jugar”
“Mira el drama desde todo punto de vista, sirviéndote de cualquier medio”.
E. Gordon Craig[22]
Nosotros nos detendremos en una distinción léxica más sencilla, mucho más coloquial, y más fácil de entender. Cabe recordar que en la lengua castellana no hemos diferenciado dos términos que clarifican mucho la cuestión, “interpretar” y “jugar” en nuestra peculiar inmersión en el texto llamado dramático. Dos términos muy bien diferenciados en lenguas foráneas: representar una obra en la lengua francesa se denomina “jouer” y en inglés “play” denotando semánticamente el carácter lúdico de la traducción escénica del texto. En nuestra lengua, en cambio, el verbo interpretar sirve tanto para el hermeneuta como para el director de escena, el actor o el escenógrafo. Nosotros diremos que el estudioso del texto “interpreta” y el artista siempre “juega” y desde ambas posiciones se puede establecer, como veremos más adelante, una complicidad de máximo interés. Pues es evidente que tanto para “jugar” como para “interpretar” necesitamos “interrogar a nuestro texto[23]”, pues tratamos de guiamos con el hilo de Ariadna por un laberinto de palabras. Así toda herramienta de enseñanza profundiza en las técnicas de la lectura. Aunque el juego y la lectura no comparten los mismos resultados y objetivos, comparten una misma pasión: leer con mayor rigor, leer para entender, leer para jugar.
Pero esta división quizá demasiado categórica no ha resuelto nuestra principal preocupación entre esos dos ámbitos de estudios y el salto epistémico que se abre cuando intentamos crear un marco en el que puedan enlazarse la “interpretación” y el “juego”, entre ese “mundo propio” que toma la obra dramática como objeto de la imaginación creadora y la que se sitúa en un nivel hermenéutico y preceptivo
6. Aproximación lúdica a la obra dramática con un principio motriz de la imaginación: el “oxímoron”
“La contradicción es verdaderamente una necesidad más que una condescendencia. Porque, en efecto, la contradicción es el camino más fácil para llegar a la originalidad, y la originalidad es una de las pretensiones dominantes del inconsciente”. (PF: 136)
Volviendo a recalar en otro axioma presente en los ensayos de la profesora UBERSBELD: la escena es siempre el lugar donde nos encontramos la paradoja[24]. Si hay un principio que puede señalar adecuadamente su acción es la figura retórica del lenguaje llamada el oxímoron[25], donde una idea sintetizada en su antítesis nos da un principio activo y motriz. Como “axiomas paradójicos” veremos como ejercen fascinantes interrogantes a la imaginación. Este empeño siempre estuvo desde los comienzos de esta investigación. Junto a la revisión de cierto repertorio dramático se empezó a tomar ciertos oxímorones para tratar de entender las relaciones que se establecen entre la acción dramática que se incuba en el interior de un espacio poético. Esta predilección por el oxímoron surge por varias razones, una, porque como axioma se comporta como una ley que a la vez no puede ser tomado como una regla: En segundo lugar porque como axioma tiene la peculiaridad de activar la imaginación y abstraernos de un “lugar común” lo que dará motivo a que aparezcan nuevos interrogantes. La imaginación casi siempre trabaja con preguntas y no con respuestas. Tercero, porque podemos incidir en las leyes de correspondencia entre las artes al enunciar oxímorones sensoriales. Estos son algunos ejemplos “Ver es oír, la oscuridad es el máximo de luz, el caos es un orden, la luz es la sombra, el tiempo es espacio, lo plano es profundo, mostrar es ocultar, la parte es el todo, un centro es no tener centro, la sensación es metafísica, la voz es danza, la identidad es diferencia, el color es sonido, la voz es silencio, la armonía en la desarmonía, la disciplina de la indisciplina, fragmentar es unir, la pesadez en la levedad.,Todo principio es un final, el cuerpo es la sombra, música para los ojos, lo desproporcionado es proporcionado, la luz es la acción de lo invisible, la emoción es geometría, tocar es ver, el espacio es el cuerpo, el escenario es el rostro, la rapidez en la lentitud, la línea expresa una trayectoria de lo imprevisible, el sonido es arquitectura, el decorado es la piel, el rostro es la máscara, etc…”.
7. Novedad de nuestra línea de investigación en el orden de estos estudios
En dicho ámbito interdisciplinario se mueve pues este trabajo de tesis y es por esta razón que debemos ser mucho más metódicos y rigurosos. Las líneas de investigación que se intentan abrir en este trabajo tratan de “edificar un puente” entre el ámbito teórico y aquel que se centra en la faceta humana de la creación en las variadas direcciones disciplinares del arte. Entre lo que denominamos el “estudio” y lo propiamente “lúdico”. Nosotros vamos a incidir en las perspectivas que se nos abren ante esta clásica y no nueva disyuntiva: el utilizar una nueva forma de lectura denominada la “fenomenología del imaginario[26]” como instrumento valioso que puede enriquecer este marco de afinidad. Herramienta que no niega la solvencia de otras herramientas epistémicas y metódicas para el estudio del texto dramático. Sin embargo, entre lo dramático y lo escenológico existe una disyuntiva que la semiótica como técnica de análisis del texto dramático y fundamento de una posible “gramatología” no ha podido resolver: abismo abierto entre un signo de naturaleza lingüística y la polivalencia semántica sin fin de la escena cuando se traduce ese mismo texto en una poética del espacio[27] que nos sirve de lecho a las acciones. La fenomenología de la imaginación nos presenta una especie de teoría de la inspiración creadora y también nos ayuda fundamentalmente a leer mejor a los poetas (a leer ensoñando). Punto que ya está en otro nivel que el de la estricta crítica literaria: “El fenomenólogo no tiene aquí nada que ver con el crítico literario que, como se ha observado con frecuencia, juzga una obra que no podría crear, e incluso según testimonio de las censuras fáciles, una obra que no querría hacer. El crítico literario es un lector necesariamente severo” (BACHELARD, 2006: 17). En nuestro trabajo no acentuaremos esta tan profunda divergencia presentada por BACHELARD, entre el fenomenólogo de la imagen poética y el hermeneuta, sino que diremos que cada ánimo lector siempre tiene un valor y ocupa su preciado lugar. Necesitamos leer entendiendo para luego leer ensoñando y más tarde leer jugando. Comenzamos interpretando una “forma”, interrogándola en sus varios estratos de significado, hasta una determinada posición donde se alcanza la adhesión plena a una imagen poética. Es allí donde “hacemos el poema como nuestro”, y participamos de su “intersubjetividad”.
Que nuestra atención se centre principalmente en los estudios sobre la imaginación creadora marca una pauta al incidir en la necesidad de elaborar líneas de investigación de las que podrán desprenderse ciertos programas sistemáticos de estudios que tienen como fin el desarrollo de esa actividad tan frágil e inefable que es la imaginación[28], un poco recogiendo la idea meyerholdiana de un “observatorio de las estrellas” para las artes del teatro. Como conclusión a este preámbulo demasiado general, pero en el que es importante incidir debido al particular estado de nuestro estudios, el ámbito teórico (estudios de dramaturgia) aspira a proyectar siempre futuras herramientas de juego escénico que denominaremos “herramientas escenológicas”.
Nosotros nos centraremos fundamentalmente en un conjunto de textos canónicos de la dramaturgia occidental, nos adentraremos en la obra de William Shakespeare, y mostraremos como el texto clásico puede ser objeto de otras perspectivas teóricas de las que se pueden desprender nuevas formas de implicación en los campos pedagógicos y creacional.
[1] VEGA, María José. Poética y Teatro. La Teoría dramática del Renacimiento a la Postmodernidad. Lunable editorial. 2004. Véase el siguiente capítulo “Teatro y teoría crítica contemporánea. La mirada interdisciplinar” de ROSALES, María Ángeles. p. 269-
[2] ARISTÓTELES. Poética. Madrid. Alianza. 2004. Cuando utilizamos el término poética debemos retroceder al origen semántico que da Aristóteles a este término en su Poética como “creación literaria” y en especial a un género “dramática” . La poética de Aristóteles no se detiene en otras formas de imitación artística aunque las menciona sucintamente.
“Para tratar de la poética en sí, como de sus diferentes especies, esto es, de la fuerza de cada una de ellas y de cómo hay que componer los argumentos, si la composición ha de quedar bien, e incluso de cuántas y de qué partes consta, e igualmente de todo aquello que concierne a este método” […] pp. 31-32.
Para una buena comprensión de los conceptos fundamentales de la poética de Aristóteles nos hemos remitido a este libro por su claridad expositiva BOBES, Carmen & otros. Historia de la Teoría literaria. Madrid. Gredos. 1995. Cap. III “Aristóteles. Conceptos fundamentales de La poética. Págs. 83-105. “La poética es, pues, una obra de carácter teórico sobre una producción humana, la literatura” p. 91.
[3] A este respecto nos hemos dirigido a varios diccionarios. En PAVIS, Patrice. Diccionario de Teatro. Barcelona. Paidós. 1998. el término “dramaturgia” es “en su sentido original y clásico “la técnica (o la poética) del arte dramático que busca establecer los principios de la obra, o bien inductivamente a partir de ejemplos concretos, o bien deductivamente a partir de un sistema de principios abstractos. Esta noción presupone un conjunto de reglas específicamente teatrales cuyo conocimiento es indispensable para escribir una obra y analizarla correctamente.
Hasta el periodo clásico, la dramaturgia, a menudo elaborada por los propios autores tenía como objetivo descubrir las reglas (o incluso las recetas) para componer una obra y suministrar a los otros dramaturgos normas de composición” p. 148. Como muy bien nos advierte PAVIS los sentidos posteriores del término dramaturgia y que derivan de él son los que le dotarán de un sentido teatrológico. En el breve diccionario UBERBELD, Anne. Les termes dés de l´analyse du théatre. París. Editions du Seuil. 1996: “Traditionallement, le mot dramaturgie désigne le travail de l´auteur des oevres teatrales: sens sorti de l´usage” y recoge también el uso del término desde una perspectiva teatrológica, la dramaturgia puede ser tanto el estudio y composición del texto dramático como de la representación “Actuallement il est un de ces termes de la théatrologie qui posédent qui posédent tríos acceptions: 1) la dramturgie es l´etude de la construction du texte de théâtre: ainsi, la Dramatique classique en France, de J. Séller, este l´etude de l´escriture et la poétique de la representation. 2) Elle désigne l´etude de l´escriture et de la poétique de la representation.3) Elle est l´activité du dramaturge au sens allemand ou postbrechtien. En ce es, la dramaturgie est l´etude concrét des rapports du texte et de la représentation avec l´Historie, de un côte, et avec l´ideologie –actuelle- de l´autre. L´dramaturgie est alors l´etude non seulement du text et de la representation, mais du rapport entre la représentation et le public qui doit le recevoir et comprende: elle implique donc non pas deux elements, mais trois” p. 33.
En otro diccionario teatral volvemos a encontrar esta confusión cuando intenta recoger todo los sentidos dados al término dramaturgia en GOMEZ GARCÍA, Manuel. Diccionario de Teatro. Madrid. Akal. 1997. “Dramaturgia: Dramática /Acción y efecto de componer un drama o un espectáculo teatral / Calidad de dramturgo / Actividad de dramturgista”. P. 266. Inevitablemente nos tendremos que dirigir a un diccionario de terminología literaria y volver al centro mismo de la problemática: La Poética de ARISTÓTELES.
[4] La dramatología pretende crear una “unidad de campo en los estudios literarios-lingüísticos” de la literatura dramática. Ámbito expuesto en sus líneas generales por mi director de tesis Camilo Fernández González.
La dramatología como una sombrilla acoge la variedad de herramientas de análisis de la forma y contenido de la obra dramática. Hay que matizar que si bien la dramatología barre bastantes confusiones al tomar la obra dramática como lo que es: una scripta, no se presupone como ciencia estar exenta o separada de lo teatrológico o lo escenológico, más cuando la dramaturgia contemporánea nos advierte una diferencia sutil: entre el “texto dramático” y el “texto teatral”. La dramatología nos es útil desde el momento que puede ofrecernos una claridad conceptual, terminológica y epistémica para abordar nuestro trabajo.
[5] Véase la definición que hace PAVIS, Op. cit. 1984. Encontramos aquí una definición de la teatrología como una especie de cajón que abarca las tres áreas de estudio que antes hemos señalado “El estudio del teatro en todas sus formas y aspectos. Este término reciente y limitado al empleo “erudito”, si no científico, corresponde mejor al término alemán theaterwisssenscharft. Lo determinante en él, más que su exigencia científica, es la totalidad y autonomía de la disciplina crítica encargada de examinar las manifestaciones teatrales” […] El reino del director te teatral produce naturalmente la imagen de orquestación del espectáculo bajo la dirección de una sola perspectiva, de manera que esta ciencia de la coordinación crea su propio objeto: el teatro / la teatrología (de la misma forma que existe una psicología, una sociología, una estética. Teatrología es la designación más amplia y también más vaga con respecto a su orientación metodológica. Abarca todas las direcciones de análisis (dramaturgia), escenografía, técnicas del actor, análisis de la escena y de la representación, orientaciones históricas y sociológicas, estudio de las relaciones del teatro con la vida cotidiana, etc. De este modo, teatrología y semiología se complementan mutuamente y de ningún modo entran en conflicto. Ambas metodologías (más que disciplinas de contornos precisos) convergen en un intento por abarcar todos los aspectos de la actividad teatral y fundar un sustrato epistemológico” p.406
[6] MARINIS, Marco de. Entendre el Teatre. Perfil de’ una nova teatrología. Barcelona. Institut del Teatre. 1997.
[7]Hemos recogido la definición realizada por Pavis en la primera edición de su diccionario en vez de la revisada pues no se halla bien diferenciada de la teatrología. “Neologismo que data de comienzos de siglo. Ciencia de la puesta en escena, teoría de la práctica escénica” (1986: p. 175)
[8] MEYERHOLD, Op. cit. 1992: Pág. 259. “Yo estudié los métodos como tales, en su aspecto técnico y, en base a estos estudios, yo hoy podría escribir un libro. ¿Qué libro? Tecnología de la interpretación o tecnología de la dirección o tecnología de la dramaturgia. Eso es lo que puedo escribir”.
[9] Véase este divertido libro FO, Darío. Manual mínimo del actor. Hondarrabía. Hiru. Dario Fo casado con la actriz Franca Rame cuyos ancestros se remontan a las antiguas familias de cómicos dell´Arte nos muestra en este libro picante y entretenido dispensario de reglas, métodos, que pertenecían a una tradición familiar y gremial.
[10] Uno de los mejores trabajos que versan sobre la técnica del actor barroco es este Rodríguez Cuadros, Evangelina. La técnica del actor español en el Barroco: hipótesis y documentos, Madrid. Castalia. 1998. Como muy bien nos advierte la profesora RODRIGUEZ CUADROS nos encontramos con una escasez documental cuando intentamos conocer algo del arte del actor.
[11] Véase DIDEROT, Denis. Paradoja sobre el comediante. Cartas a dos actrices. Madrid. Valdemar. 2003. Uno de los más astutos y certeros ensayos sobre el arte del actor que aún hoy se sigue recomendando su lectura a los alumnos de interpretación en las licenciaturas. Veremos como el centro mismo de la problemática escenológica es como muy bien designa DIDEROT la paradoja.
[12] BrooK, Peter. Provocaciones, 40 años de exploración en el teatro. Buenos Aires. Ediciones Fausto, 1989. p. 13.
[13] Barba, Eugenio & Savarese, Nicola. El arte secreto del actor: diccionario de antropología teatral.
México, D.F. Escenología. 1990.
[14] Para que nos demos cuenta de la escasez editorial de obras que versan sobre escenología en España hay un caso singular. La extensa obra teórica de Adolphe APPIA que ocupa cuatro tomos en su edición suiza aún se halla sin traducir en castellano o en catalán. Nos referimos a APPIA, Adolphe. “Oeuvres complétes”. Tome I, II, II, IV. Berne. L´Age d´Homme. 1983, y sólo contamos con un breve compendio de su escritos en Appia, Adolphe. La música y la puesta en escena. La obra de arte viviente. Madrid. Asociación de Directores de Escena. 2000.
No solo esto la mayoría de los textos fundamentales de la escenología pertenecen a ediciones procedentes de América latina o Francia. Ha sido la labor encomiable de José Antonio SANCHEZ quién nos ha permitido en algunas de sus revisiones historiográficas hacer eco de este vacío editorial y permitirnos la lectura de algunos extractos fundamentales de la escenología. Véase SÁnchez, José A. La escena moderna: manifiestos y textos sobre teatro de la época de vanguardias. Madrid. Akal, 1999. En este compendio podemos encontrar en sus líneas generales los principales nombres de creadores que ha atizado el debate escenológico.
[15] Siempre hemos defendido que la obra de STANISLAVSKI necesita de un estudio mayor, incluso sería muy apropiado una buena guía de lectura barriendo muchas de las apropiaciones y deformaciones que han surgido posteriormente. Aconsejamos la lectura de STANISLAVSKI, K. S. Diccionario de términos. Murcia. Escuela Superior de Arte Dramático. Teatro de Cámara de Madrid. [(Sistema) versión, prólogo y anexo de Ángel Gutiérrez]. 2001, de uno de los herederos directos de lo que fue el Teatro de Arte de Moscú y a pesar de su longevidad sigue formando actores y actrices en su Teatro de Cámara de Madrid.
La mejor manera de conocer mucho de los términos postulados por el director ruso serían dilucidados trabajando con la materia prima de su recorrido teórico, afectivo y artístico: su repertorio. Su obra traducida en la edición castellana más completa es Stanislavski, Constantin. El trabajo de actor sobre si mismo.El trabajo sobre si mismo en el proceso creador de las vivencias. Buenos Aires. Quetzal, 1994. Ibidem. El trabajo del actor sobre su papel. Buenos Aires. Quetzal, 1977. Ibidem. El trabajo del actor sobre sí mismo: el trabajo sobre sí mismo en el proceso de la encarnación. Buenos Aires. Quetzal, 1979 Ibidem. Mi vida en el arte. Buenos Aires. Quetzal, 1981. Ibidem. Trabajos teatrales: Correspondencia. Buenos Aires. Quetzal. 1986.
[16] Ni siquiera el teatro épico frente al teatro dramático en la “teoría del distanciamiento” de Bertold BRECHT queda fuera de esta ley. Cuando asistimos a una representación sea “épica” o “dramática” siempre experimentamos una conciencia del tiempo muy distinta de la que tenemos cotidianamente. Hay que tener bien clara la diferencia entre ilusión e imaginación, si bien BRECHT niega la ilusión como mixtificadora al motivar una serie de identificaciones emocionales más que reflexivas, nunca su obra niega el círculo imaginario: estamos en un teatro. El acto imaginario de nos presenta plenamente realizado inscrito en un “círculo de tiza”.
[17] “El término metalenguaje fue explicado por el director del Teatro de los sentidos, Enrique Vargas, en diversos talleres realizados sobre la poética de los sentidos en su sede en el Polvorín, Barcelona, 2006 de esta manera: “Cuando una persona se adentra en un bosque puede escuchar el trino de unos pájaros, la melodía de sus cantos, el revoloteo de varias melodías. Le parecen hermosos por su timbre, por su tono y decide prestar atención. Lo que este paseante no sabe es que estos pájaros se están diciendo: ¡Un extraño ha llegado al bosque, tened alerta! Este lenguaje cifrado para este paseante solitario que comunica a los pájaros mensajes ocultos entre sí es un metalenguaje” Con metalenguaje definía todos aquellos códigos que servían a los actores-habitantes comunicarse desde sus cámaras en la oscuridad del laberinto. El viajero iba recorriendo las diferentes cámaras y era invitado a varias experiencias sensoriales. Estos códigos a veces sonoros se integraban dentro del entramado sensorial en una unidad de atmósfera. Eran signos que pululaban durante el tránsito del viajero cuidadosamente integrados sin que este pudiese distinguirlos como un lenguaje que solo comprendían los actores. Unos ruidos de conchas o tubulares podían avisar de la llegada de un nuevo visitante a una de las cámaras o de avisar del final de la experiencia cuando llegaba el último viajero. El objetivo principal de este metalenguaje que solo conocían los actores era tener dominio sobre el ritmo interno. Más adelante pude observar como cualquier representación convencional teatral también posee tal metalenguaje, y que este concepto no forma parte solamente de un teatro de los sentidos.
[18] PAVIS, Op. cit. 1984. El concepto de “metalenguaje” es utilizado por Patrice Pavis para comentar la problemática de un “descriptor ideal” de la representación“”Niingún metalenguaje adecuado ha logrado hasta ahora describirla, y pierde mucho cuando es traducida en un texto escénico, o un libro modelo, o en cualquier otro sistema de notación”.
[19]FREUD, Sigmund. La interpretación de los sueños. Madrid. Alianza. 2006. La condensación y el desplazamiento son dos términos que nos muestran los mecanismos inconscientes que crean la urdimbre de las imágenes del sueño.
[20] Nuestra lectura de “The Tempest” en el trabajo de investigación barajó siempre el interés que tiene esta obra en una posible escenificación sensorial y no tanto donde tome protagonismo el recinto teatral. La inmersión en la lectura del texto nos descubrió una gran cantidad de datos textuales que nos hacían referencia a una magia alquímica sobre lo sentidos de los personajes. Como obra sensorial encontrábamos una amplia descripción de fenómenos (casi siempre acústicos) y un metalenguaje. Esta idea se pueden observar durante la obra en como los personajes perdidos en la isla son guiados, alertados, encantados, extraviados o sometidos por ellas como si estuviesen dentro de un tapiz invisible que dirige sus cuerpos, estimula sus sentidos y los desplaza en el espacio, sin que ellos sepan el origen de la causa ni el sentido. La forma en que se construye este lenguaje sensorial es el injerto. Hay que entender el injerto como una transformación que imanta lo que ya existe en los distintos campos de acción de la metáfora. Ariel realiza injertos sensoriales en una naturaleza, brotan en un inicio de sensaciones conocidas y las colorean, sintetiza neo-perceptos lo cual tiene como consecuencia que se difuminen del ámbito de lo real para entrar en una atmósfera onírica , entonces surge la necesidad de los personajes de describir lo que sienten. Si los personajes reconociesen la causa de las sensaciones, si fuesen reconocidas claramente por el “sensorio” en el atlas sensorial de lo conocido, si fuesen muy definidas en la conciencia de lo solamente expreso, no intentarían describirlas ni volver a recordarlas. Entonces la descripción se torna poética, utilizamos metáforas, trazamos rutas de sinestesias, condensamos elementos que mezclamos y sopesamos para hacer nuestras hipótesis. Es por esto, que las descripciones de los personajes de los estímulos que reciben son tan sugerentes. La naturaleza es parlante, el viento musita y murmulla como una voz que nunca antes ha sido oída, la isla esta llena de músicas que tañen mil instrumentos pero no se puede identificar el timbre de ninguno conocido. Esta neonaturaleza “terra incognita” de los sentidos- pero sensorial les hace dudar si duermen o están verdaderamente despiertos. Este tapiz sensorial es el médium en que se realiza un juego y un meta juego en el espacio. Prospero ha creado una verdadera trama sensorial con varios senderos y rutas que los personajes irán recorriendo hasta llegar a un centro donde todos esos senderos confluyen al final de la obra. Todo ese entramado sensorial esta sustentado por la meta- trama que Prospero realiza con Ariel, pues ambos son los que crean su meta juego mercurial en una alegría dinámica. Ariel se comporta como un obrero fenomenológico y es el principal constructor de este espacio sensorial, y son sus propiedades las que definen el instrumento. Ariel es el ente que mejor define la metáfora.
[21] ARTAUD, Antonin. El teatro y su doble. Barcelona. Edhasa. 1989. “Se comprende entonces que la poesía es anárquica en tanto cuestiona todas las relaciones entre objeto y objeto, y entre forma y significado. Es anárquica también en tanto su aparición obedece a un desorden que nos acerca más al caos”. p. 48.
28 Gordon Craig, E. El arte del Teatro. México. Gegsa. 1987.
[23] MEYERHOLD, Op. cit. 1992: “No basta con leer la pieza, hay que someterla a un análisis profundo, ser como el cirujano que saja con el bisturí. Es lo más importante”. p. 372.
[24]Véase UBERSBELD, Anne. La escuela del espectador. Madrid. ADE. 1997, o en su versión francesa, UBERSBELD, Anne. Lire le théâtre. Paris. Editions socials. 1981. Cáp. “Texte-representation”. “Le théâtre est un art paradoxal. On peut aller plus loin y voir lárt m[eme dy paradoxe” [….] p. 14.
[25] En retórica, el oxímoron (del griego ὀξύμωρον, oxymoron), dentro de las figuras literarias , es una de las figuras lógicas ; consiste en armonizar dos conceptos opuestos en una sola expresión, formando así un tercer concepto.
[26] BACHELARD, Gaston. La poética del espacio. México. Fondo de Cultura Económica. 2006. Véase introducción, Págs. 7-32 donde Bachelard nos aproxima a este concepto.
[27] Las formas de leer un texto dramático se demuestra como uno de los ámbitos aún por descubrir y quizá la primera base de nuestro proyecto. La semiótica y lo que se ha denominado sistema actancial ha ido en este camino un poco proceloso. Para la profesora UBERBELD la semiótica es una herramienta auxiliar en el trabajo de lectura, pero cuando ha intentado dar el salto a la escenificación ha encontrado una gran falla: al trazar un puente entre estas dos realidades (la textual) y (la escena), y se encontrará en un callejón sin salida al observar como el signo en lo lingüístico al ser traducido en materia escénica se “abisma” pues el signo en escena es camaleónico, y el texto adquiere una polisemia en escena vertiginosa y sin fin. Basta un leve cambio para que el signo desplace su sentido, por lo que una escenología apoyada en esta disciplina es una ciencia de las “probabilidades valiosas” pero carente de rigor y menos de estructuras fiables, aún así un libro como “La escuela del espectador” es un intento loable. ¿Cómo recortar un signo que deja una estela de polivalencias de sentido a su paso? El hombre que camina en un espacio vacío como nos relata al comienzo de su libro El espacio vacío Peter Brook, tan elemental y simple como elemento signito del acontecimiento teatral, puede tomar el significado tanto de un rey o un mendigo. Si el texto es una objeto de estudio para el estudio semiótico, no puede compararse a su segunda existencia ficcional en la representación muy dado a visiones plurisemánticas.
UBERSBELD. Anne. Semiótica teatral. Madrid. Cátedra. 1998. “Conocidos son los reproches, a veces legítimos, que se le hacen a toda semiología […] Una lectura más afinada de la multiciplicidad de las combinaciones de una obra constituye u elemento de juego y, en consecuencia, de placer estético; y lo que es más, la semiología permite al lector una actitud creativa” (p. 10). En este libro la profesora UBERSBELD está proyectando su empeño, tomando los instrumentos de la semiología, de configurar una gramática de la representación (del juego) cuando nos dice en este mismo libro, “posteriormente, y si es posible, nos gustaría sentar las bases para crear una “gramática elemental de la representación (suficiente materia para otro ensayo)”, p. 8) cuyo resultado fue UBERBELD, Anne. La escuela del espectador. Madrid. ADE. 1997. Aunque este libro es muy valioso por intentar ofrecer una implicación del teórico y sus métodos de lectoanálisis del texto con lo escénico-lúdico, se enfrenta con dos ámbitos de estudios muy bien delimitados: una semiótica lingüística y una semiótica de lo escénico espacial.
Para nosotros no se trata de concebir la posible traducción del signo lingüístico (sistema de signos) en algo material (otro sistema de signos) haciendo de nuestro texto una especie de “descriptor”. La semiología o bien sirve de instrumento una Dramatología o bien a una Teatrología. Creemos que la semiología sí bien se adentra en el texto (semiología lingüística) o se adentra en el acontecimiento escénico (semiótica teatral) pero no funda una interrelación entre las dos de tal manera que se pueda objetivar “una gramática de la puesta en escena” a tal punto de ser considerada el eje instrumental (aunque si bien podemos apreciar su valor) de unas ciencias de la acción creadora en la escenología. La escena no puede ser tomada como un “sistema cerrado de signos” sino de un lugar donde las polivalencias semánticas se van construyéndose en la actualidad de cada acto de representación, en la novedad y efimeridad. Nuestra atención en esta tesis se centrará más en ese vínculo entre sensación y lo que la fenomenología nos describe como suceso cognoscitivo del devenir de la imagen poética en la mente. Lo importante no es hallar una determinada traducción o trasvase sígnico entre el texto y la representación, sino crear los condicionantes que auguran el movimiento que va de una imagen a otra imagen. Captar e incitar el dinamismo del imaginario. Para constituir una gramática elemental de la representación habría que crear un entorno propicio de diferentes gamas sensoriales donde lo lúdico trata de aportar su valoración subjetiva, su aportación imaginaria. La obra dramática escrita posee indicios textuales en muchas ocasiones de “gamas” que nos muestran un determinado entorno senso-poético. En este sentido esta idea se acerca a lo que STANISLAVSKI denominó “unidad de atmósfera de una obra”. Toda obra nos presenta una “atmósfera peculiar” y un “tinte espiritual”. Una obra dramática nos describe un determinado entorno sensorial de vivencia fenomenológica que es captado en su novedad y en su originalidad.
“La causa real del flujo de imágenes es verdaderamente la causa imaginada; para utilizar la dualidad de las funciones que invocamos en libros anteriores, diríamos fácilmente que la función de lo irreal es la función que dinamiza verdaderamente el psiquismo, mientras que la función de lo real es una función de detención, una función de inhibición, una función que reduce las imágenes de tal forma que les da un simple valor de signo. Vemos que pues que, junto a los datos inmediatos de la sensación, hay que considerar los aportes inmediatos de la imaginación”. (BACHELARD, 2006: p. 99)
[28] En este idealismo de la enseñanza se encuentra el de RODARI, Giani. Gramática de la fantasía. Barcelona. Planeta. 2006. “Confío en que el librito sea también útil para quién cree en la necesidad de que la imaginación tenga su puesto en la enseñanza”. p. 13
Intentando poner orden y clarificando la cuestión terminológica, nuestro ámbito de estudio doctoral, para determinar donde nos situamos nosotros y nuestra línea de investigación, conviene postular que se divide en tres grandes bloques que no se pueden obviar: la Dramatología, la Teatrología, y la Escenología. Hemos considerado necesario revisar los fundamentos y contornos de estas disciplinas antes de comenzar nuestro trabajo porque ya en nuestra anterior investigación nos encontramos con dificultades epistémicas. Las barreras que separan estos tres grandes conjuntos pueden resultarnos bastante confusas mucho más cuando en la actualidad se utilizan recurrentemente en el ámbito de estudio sin comprender sus matices y sus diferencias de área. Utilizamos de forma común lo “dramatúrgico” para referirnos a lo que es propiamente escénico, o nos referimos a “teatro” cuando estudiamos un texto dramático literario. Si bien su uso no suficientemente matizado en un local de ensayo, en un artículo periodístico, en otro medio más prosaico y flexible no tiene importancia, si lo tiene cuando hacemos investigación. La causa de este singular estado de nuestros estudios se debe principalmente a como durante la historia del teatro estos ámbitos han estado entreverados, idea que se puede estudiar en un buen libro promovido por la profesora VEGA [1] titulado “Poética y Teatro. La teoría dramática del Renacimiento a la Postmodernidad”. Estos tres bloques son los que acogen de partida, a nuestro entender, las diversas líneas de investigación doctoral en Artes escénicas. Cada una posee un ámbito propio con sus métodos y herramientas de estudio. Esto no quiere decir que nos hallamos ante tres ámbitos separados y reacios a encontrar una complicidad y posible sinergia, pues en ocasiones se yuxtaponen como tres anillos enlazados. No obstante cualquier línea de investigación debe ser consciente al emprender su actividad investigadora cuando pisa el terreno de un área y cuando entra en otra área. La investigación debe tratar de dilucidar las “herramientas epistémicas” que permiten relacionarlas y anudarlas. Es por esta razón que no debemos aceptar los sentidos por sentado y es útil incidir en buscar los orígenes semánticos de los términos troncales básicos de nuestra especial área de estudio. Como también comprender las derivaciones semánticas que estos mismos términos han sido plasmados en distintos periodos a lo largo de la historia como si fuera una corteza. Esto último no significa obviarlas sino ordenarlas debidamente de tal manera que nos ayuden en nuestra labor investigadora.
1. La Dramatología: origen, concepto y delimitación de su área
1) Tenemos así que señalar un gran bloque de estudios doctorales que llamaremos, grosso modo, “Poética”[2], dividida en teoría de la literatura dramática y épica, la historia, y la crítica específicamente literaria. La primera (dramática) estará a su vez dividida: en conocimiento de las formas y estructuras o “Dramaturgia”, y conocimientos de los contenidos (sentido y valor) o Hermenéutica. La Poética llamada dramática trata principalmente de un género literario: lo dramático, y especialmente la de género trágico, en cuanto nos presenta una fábula (mythos), que tiene una finalidad (catarsis), una forma de discurso o estilo (prosa o verso). Cuando utilizamos la palabra “dramático” o el prefijo “drama”, si recogemos su sentido original aristotélico[3], nos señala un tipo de creación literaria que imita (mimesis) un conjunto de acciones que reflejan conflictos y problemas (dramas) de caracteres o personajes, que posee un estatuto de ficción, cuya exposición ha sido tramada hábilmente por el poeta según los principios de verosimilitud, necesidad y decoro. De este modo la dramaturgia es el estudio de un ámbito de la literatura: la literatura dramática. En sus contenidos y valores el poema dramático es objeto de estudio hermenéutico. Todo estudio que emprenda su indagación acerca de una realidad textual se mueve siempre dentro de un “círculo hermenéutico”, pues se encuentra con unas delimitadas fronteras textuales y extrae de ella y solo de ella los contenidos de forma, estructura, sentido y valor. Englobando este campo de estudios en el seno de los estudios hermenéutico-literarios nos vamos a referir a una Dramatología[4] como una unidad de campo que gira en torno al estudio del texto literario dramático, incidiendo claramente en que este área no estudia lo que ha sido escenificado o puede ser escenificable. Del que podemos definir tres tipos de literatura-dramática: aristotélica, anaristotélica y antiaristotélica. Como fin, los estudio dramatológicos reúnen la hermenéutica de los textos dramáticos, el estudio de las preceptivas existentes sobre composición de un texto dramático y la creación y composición de un texto dramático. La Dramatología como rama de estudio implica ordenar todas las cuestiones que afectan a la comprensión del texto dramático. Nos garantiza extender un mapa crítico de las tendencias críticas volcadas en la comprensión de un objeto de estudio específico, jerarquizándolas de lo general a lo concreto. Una Dramatología además de aportarnos herramientas de análisis nos ofrece la posibilidad de comprender cada hermenéutica como una determinada posición crítica frente al texto. Esta perspectiva amplia nos ayuda a ser conscientes cuando un acto interpretativo puede imponerse como visión totalizadora sesgando otros niveles de sentido. El texto dramático es una unidad, es un todo, es un cuerpo con una organicidad que no debe quebrarse en aras de una determinada posición hermenéutica.
El objetivo de la Dramatología es entrenar las herramientas de “lectoanálisis” tomando como objeto el texto literario- dramático. Para emprender este trabajo se deben seguir varios pasos y en orden haciendo una lectura con escarpelo: primero, un estudio de la forma o dramaturgia. Segundo, un estudio dramatológico que a diferencia del anterior trata de investigar los contenidos latentes de la obra. Diremos que la Dramatología, es el estudio de lo que está debajo de la trama explícita, como aquellas esculturas antiguas que el tiempo ha sesgado sus miembros pero expresan el dinamismo de la forma proyectándose más allá de la línea de la forma. La Dramatología propone desenredar una trama hábilmente tramada tomando en cada lectura cada uno de los hilos. Las fases de todo lectoanálisis son: la lectura, la descripción, el análisis, la síntesis y por último la súper síntesis. Una obra dramática sobre la que hemos estrechado nuestro círculo hermenéutico puede ser objetivada en una sentencia elemental.
2. La Teatrología: origen, concepto y delimitación de su área
2) Entre este primer bloque y el siguiente podemos hacer referencia a un ámbito tan difuso y difícil de encuadrar a nuestro entender como es el de teatrología[5] cuyo campo de investigación es muy amplio y diverso. Para intentar encuadrar las perspectivas actuales de la teatrología y delimitar su área nos hemos remitido a una de las obras del profesor MARINIS[6] que nos ofrece cuatro entradas principales de estudio: Semiótica, Historia i Historiografía, Sociología y Antropología. Toda investigación que se adentra en el conocimiento de un objeto de estudio lo hace desde las fronteras del documento ya sea iconográfico, lingüístico o de otra índole documental. El objeto de estudio es el “hecho teatral”, en el sentido nominalista de “theatron” que significa “lugar desde donde se mira”. Aquí estamos ante un hecho o un acontecimiento externo al texto, pero sin duda, en muchas ocasiones referenciado a él. Nuestra herencia cultural no solo nos entrega textos dramáticos también nos deja otro tipo de documentos que hacen que el interés de estudio se bifurque hacia lo representado, lo acontecido, en el hecho teatral donde el texto dramático ya no ocupa su centro autárquico. Esta posición de la teatrología, como muy bien nos advierte PAVIS surge en el clima de las vanguardias reformadoras del teatro del siglo XX por dos razones: “la emancipación del teatro del reino literario” y “el advenimiento de la puesta en escena” (1984: p. 406). A la que añadiremos nuestro punto de vista: el texto dramático remite a otra cosa que fue (representación) y que necesitamos conocer (indicios de representabilidad). El texto dramático ya no es la génesis de la que puede ser una creación escénica pues existen otros elementos que entran a formar parte en igual importancia y nos podemos encontrar otras formas de descripción (descriptores). El hecho escénico-teatral suele estar registrado en otro tipo de documentos que no son un texto literario o son para textuales. La contribución más notable de la teatrología es advertirnos cuando centramos nuestra atención central sobre el hecho escénico-teatral como estamos en muchos casos ante una herencia secreta que necesita ser rescatada del olvido. La teatrología desde la variedad de sus herramientas trata de visualizar una dimensión oculta y en buena parte escondida bajo ese gran conjunto de monumentos textuales de la dramática clásica. Las preguntas que debemos hacerle a una teatrología es si como ciencia y ámbito de estudio puede se tratada como un área que puede albergar todas las iniciativas del estudio como “theatron”. Hay que considerar uno de los principales asuntos que centran el interés de la teatrología. El hecho teatral es un acontecimiento público y social por la cual todas las particularidades de lo dramático y le escénico se unen y fusionan en una asociación plena y llena de sentido en el acto de recepción generalmente colectivo de la imagen poética.
3. La Escenología: origen, concepto y delimitación de su área
3) Y por otro lado tenemos que distinguir un gran tercer bloque que se ha denominado Escenología[7] y que nos preguntamos si puede formar un ámbito autónomo o queda englobado en la misma Teatrología. La “skene” es el espacio de los actuantes dentro de un “theatron”. Conforma un área espacial dentro de un recinto arquitectónico al que dota de una función bien determinada: como lugar de la representación. El concepto de Escenología, como ciencia de la puesta en escena, veremos más adelante es bastante reciente en el tiempo, y nos remite originalmente al termino de “scenovedenie” empleado por MEYERHOLD hace ya más de un siglo. La escena se convierte en el lugar de una ciencia experimental, un laboratorio de las artes que investiga los problemas propios de la representación- Así lo define MEYERHOLD: “hay que entrenar el movimiento, entrenar el pensamiento, entrenar la palabra. Es una empresa grandiosa que sólo puede realizar un teatro especial, considerado como un centro de investigación científica, que cuenta con un laboratorio, que tiene una atmósfera propicia para hacerlo “(1992: p. 269). La Escenología para MEYERHOLD es el ámbito de estudio de las técnicas de la puesta en escena que dividirá en tres[8] áreas: una “tecnología de la interpretación”, una “tecnología de la dirección”, y una “tecnología de la dramaturgia”. Si bien esta última nosotros la situaremos en el campo de lo que hemos denominado anteriormente como Dramatología. Tenemos que entender que cuando MEYERHOLD nos habla de la necesidad de fundar un instituto una tecnología de la dramaturgia muy próxima y en complicidad con unas tecnologías más propiamente escenológicas está pensando sin duda, como profundo conocedor de las grandes épocas del teatro, en un “triangulo de oro”: una técnica altamente cualificada del actor que hay que formar y preparar, un gran dramaturgo que condense la ideología y el espíritu de una época presente y por último una nueva sociedad, que en su caso era la nueva sociedad fundada con la revolución del Octubre rojo. Este triángulo de oro es el que conforma para MEYERHOLD una época “genuinamente teatral”. Es evidente que el imaginario teatral de MEYERHOLD no solo lo formaba un “repertorio clásico” (Shakespeare, Moliere, CalderÓn, etc.) sino también toda una serie de dramaturgias de fuerte carácter identitario nacional y social (Pushkin, GOGOL, etc.), como también las que surgieron del clima de las vanguardias (es el caso del futurismo y la dramaturgia de MAIAKOVSKI), y muy influenciada por las corrientes dramatúrgicas europeas en boga en aquel periodo histórico (MAETERLINCK).
4. ¿Podemos hablar de una “ciencia de la puesta en escena” o Escenología?
Nosotros postulamos una autonomía de campo para la Escenología. Su origen es bien definido en la historia del pensamiento teatral. Ciertos artistas reformadores de la escena comienzan a reflexionar y escribir sobre las cuestiones propias de la representación y desarrollan un ámbito de investigación tanto teórico como práctico. Hasta ese periodo histórico los problemas propios de la representación, las cuestiones derivadas del arte de la puesta en escena, formaban parte casi siempre de una tradición secreta, sea familiar o gremial, transmitida de forma oral, pero muy raras veces volcada en escritos o documentos. Mientras que durante la historia del teatro las preceptivas literario-dramáticas se difunden en occidente en los círculos restringidos de unos pocos letrados, es el caso de las sucesivas revisiones de la poética aristotélica, en la calle, en el púlpito, en la plaza crece y se desarrolla esa otra tradición farsesca, juglaresca, trovadoresca, la Commedia dell´Arte que dará lugar entrado el siglo XVI y el siglo XVII a las dos grandes tradiciones del Teatro, las dos con un intenso raigambre popular. Nos referimos al teatro isabelino y al teatro del siglo de Oro español. Vemos que el primer bloque ya viene definiéndose desde hace mucho tiempo en los estudios universitarios. Desde que en el siglo XIII llega a Occidente la primera traducción de la poética ésta se ha difundido y diversificado en numerosas preceptivas de la creación literaria dramática. En estas primitivas universidades se estudia la preceptiva clásica, se revisan y se traducen los textos dramáticos clásicos, se escriben dramas tomando los modelos de las antiguas tragedias conservadas, se busca y se discute la forma apropiada de representarlas. Pero esta inquieta actividad intelectual se encuentra alejada de lo que una teatrología llamaría “vía silenciosa o secreta” del arte teatral que discurre por otro cauce. Hoy sabemos, como ejemplo más evidente, como la Commedia dell´Arte reunía un conjunto de saberes que se trasmitían y enseñaban de unas generaciones a otras[9] de forma oral, y si bien los pocos documentos escritos son pequeños esquemas escenotúrgicos o “canovaccios”. El propio teatro isabelino o el Teatro del siglo de Oro[10] español todavía para nosotros guardan enigmas sobre sus formas de representación. El propio SHAKESPEARE que contribuyó a la dignificación del arte del actor cuando éste era considerado poco menos que un maleante y un vagabundo nos ofrece unas pocas notas escenológicas en algunas de sus obras, entre ellas el célebre discurso de Hamlet a los cómicos de como recitar un verso. Es el dramaturgo en ocasiones actor y primitivo “regisseur” quien nos deja inscritos en sus obras dramáticas algunas notas metateatrales con las que podemos entender cómo pudo ser una técnica de la representación. Se escriben preceptivas de como construir un teatro, de como escribir un drama en los albores del renacimiento, pero sabemos muy poco sobre la sabiduría de algunos fenómenos escénicos, las reglas que lo constituían, y las formas de transmisión de una herencia.
Será a finales del siglo XIX y comienzo del XX cuando podemos comenzar a hablar de una Escenología en cuanto tal, como ciencia. Pertenece en gran parte de los creadores que han reflexionado sobre las cuestiones de la puesta en escena desde finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Son cuatro grandes pilares los que apuntalan su nacimiento de forma más destacada: Adolphe APPIA, GORDON-CRAIG, STANISLAVSKI, y quién será su discípulo MEYERHOLD. No es que anteriormente no podamos encontrar reflexiones escritas y documentos sobre una posible ciencia de la escena (DIDEROT[11], WAGNER, GOETHE entre otros), o en la misma insatisfacción de ciertos dramaturgos ante las formas de representación de su tiempo lo que les lleva a crear su propio teatro, sino que con estos cuatro creadores la Escenología adquiere ya una dimensión capital y ejercerá una influencia en las técnicas de representación posterior. Son el tronco desde el que surgirán las diversas ramas de la escena moderna y lo que es hoy el estudio escenológico.
Hay varias razones que motivan el nacimiento de la escenología tal como podemos estudiarla hoy y por lo cual podemos defender su “autonomía de campo”:
1) El advenimiento de la figura del director de escena, el “regisseur”, como organizador de la composición global del espectáculo. Entre estos grandes directores, unos se resistirán a hablar de un método, de un conocimiento específico del que puede constituirse una serie de reglas (ciencia) citando aquí, como ejemplo emblemático, la resistencia a la teorización de un gran director de escena como es Peter BROOK[12], “Nunca he creído en una verdad única, ni propia ni ajena. Creo que todas las escuelas, todas las teorías pueden ser válidas en determinado lugar, en determinado momento. Pero a la vez he descubierto que uno sólo puede vivir si posee una absoluta y apasionada identificación con un punto de vista [...] Para que cualquier punto de vista sea útil, uno debe comprometerse con él totalmente, debe defenderlo incluso hasta la muerte. No obstante, al mismo tiempo, hay una voz interior que nos murmura: No te tomes tan en serio. Afírmalo con fuerza. Abandónalo con ligereza”. Otros directores paralelamente a su trabajo escénico desarrollarán métodos y teorías de la escenificación difundidos en una obra teórica.
2) Estos creadores intentan “dignificar” una profesión devaluada y sometida a los rígidos convencionalismos del teatro burgués, decadente, o sometida a la vulgarización del gusto popular, y por tanto, reflexionan los problemas propios de un oficio al que intentan dotar un estatuto de verdadero arte. Aparece el concepto de “arte teatral”. Estos creadores aportan métodos, técnicas y aptitudes. Casi siempre esta reflexión estética derivada de los problemas del arte se mezcla con las apreciaciones éticas del trabajo teatral. La Escenología como tal no está desprovista en sus inicios de unos códigos deontológicos. “El mérito de mi trabajo de entonces residía en que me afanaba en ser sincero; buscaba la verdad, y expulsaba la mentira, sobre todo la teatral, la llamaba oficio escénico. Comencé a odiar el teatro dentro del teatro, y buscaba en él la vida verdadera, genuina, que por supuesto no era la vida vulgar y cotidiana, sino la artística” (STANISLAVSKI, 1988: 136)
3) La Escenología como conjunto de saberes se interesa por reflexionar sobre las fuentes de la teatralidad o la especificidad de su lenguaje. Esta tarea es lo que se ha denominado “retrealización” del teatro en cuanto estudia los paradigmas de las grandes épocas teatrales. Curiosamente el nacimiento de la escenología aparece casi paralelamente con la aportación de las nuevas técnicas de la imagen: la tramoya mecanizada, la iluminación eléctrica, la invención del cinematógrafo, la eclosión de las artes plásticas en las vanguardias. Estos descubrimientos y novedades repercutirán sin duda en las formas de composición de la escena. Pero debemos observar una cuestión importante. La escenología, en su origen, el pensamiento escénico, se pregunta por las cualidades propias de su lenguaje artístico, qué es la teatralidad, y por esta razón se volcará a reflexionar sobre el pasado, como bien menciona MEYERHOLD como las “épocas genuinamente teatrales” extrayendo de la tradición parte de sus técnicas y métodos. La escenología así entendida puede comprenderse como una “ciencia retrospectiva e introspectiva” del lenguaje teatral que se reinventa asumiendo una “tradición viva” que necesita ser interrogada y redescubierta en sus periferias limítrofes con el olvido (teatro medieval) en sus tradiciones secretas (Commedia dell´ Arte), en sus manifestaciones marginales (el juglar, el bufón), con pasión etnográfica (los teatro del oriente), identificándose con el teatro más popular (lo grotesco), y en las grandes cimas de la historia del teatro (las épocas genuinamente teatrales). “Cuando para edificar el nuevo teatro yo buscaba lo sano, lo servible, lo que deseaba rescatar de las épocas genuinamente teatrales era porqué estimábamos que de allí, del comienzo de la tradición debe extraerse todo aquello sin lo cual el actor no puede trabajar en el escenario. Pero debemos decir: recuperar las tradiciones en la medida que con las tradiciones se infiltra la ideología, la cosmovisión, la concepción del mundo, el ideario. En esto está precisamente nuestra misión: apropiarnos de las técnicas, pero no permitir de ningún modo que se infiltre una ideología hostil a nosotros”. (MEYERHOLD, 1992: 258)
4) La necesidad de crear centros de investigación y escuelas de formación incidiendo en el entrenamiento “preespresivo” del acto de comunicación teatral. Veremos como se populariza la idea de “instrucción” o de “entrenamiento”, u otros términos sinónimos como “laboratorio”, “Dramatic Workshop”. No solamente se trabaja con el fin de representar sino que se hace necesaria una exploración de las capacidades expresivas. Estos creadores se preguntan como pueden incitarlas, desarrollarlas en mayor medida.
5) Estos creadores de la escena intentan cristalizar epistemes y por tanto le dan un estatuto de ciencia. Ya hemos mencionado como MEYERHOLD comienza a utilizar ciertos vocablos como “tecnología” o “Escenología” a la hora de referirse a la investigación de los discursos escénicos.
6) Por que encontraremos un amplio y diverso espectro de investigaciones escenológicas nos muestra una genealogía: una herencia que puede historiografiarse, confrontarse en el estudio, y por tanto componen ya una base de estudio de volumen considerable al que hay que prestar atención.
7) La escenología además de enfrentarse a los problemas derivados de la representación de un repertorio textual clásico, como área de investigación intenta responderse a los problemas planteados a la escenificación de las dramaturgias de su tiempo. Aquí podemos añadir que la Escenología en ocasiones se proyecta en lo utópico, lo que todavía no puede representarse pero que sin embargo se encuentra en estado de “tentativa”. “Esta opinión proviene de que he hecho muchos diseños sobre papel […] y es que antes, carecía de una simple hoja, pero tenía un teatro donde transportaba directamente a escena los proyectos surgidos en mi mente. Luego ya no tuve teatro donde trabajar, y como mi mente no me dejaba en paz por haber dado tal o cual forma a mis ideas, me obligaba a dejarlos estampados en una hoja de papel”. (GORDON CRAIG, 1987: 9). La Escenología es una ciencia proyectiva y prospectiva. La escenología anuncia un porvenir.
8) La necesidad de los creadores de la escena de encontrar léxicos, conceptos y métodos pertenecientes a otras disciplinas del saber con los cuales definir sus experimentos, ya sea de las ciencias psicológicas, de la antropología cultural, de los estudios etnográficos, etc.
9) En que la Escenología como ciencia humanista intenta comprender formas de representación externas a su círculo cultural o identitario (etnocentrismo) contribuyendo a crear un conocimiento universal de las ciencias de la representación. Es el caso de la antropología teatral de Eugenio BARBA[13], la escuela de Pontedera de Jerzy GROTOWSKI son vías más recientes de esta inquietud pero que también están presentes ya en los primeros creadores-escenólogos.
10) En la medida en que los textos escenológicos gozan de una repercusión: se difunden, se leen, se estudian y se analizan, se practican, se deforman sus teorías, o dan como surgimiento otros campos de exploración.
Veamos a ver en que tres grandes ejes de exploración desde sus orígenes se puede constituir una escenología:
En el caso de Adolphe APPIA la Escenología quedo proyectada en una abundante obra teórica[14] . Gran parte de su obra solo pudo materializarse, tras sus intentos frustrados de escenificar la opera wagneriana, en los espacios eurítmicos en el instituto DALCROZE. Tanto APPIA como GORDON-CRAIG son los padres de lo que hoy podemos llamar “tecnología de la composición espacial” ya plenamente moderna, avanzándose en su tiempo a los discursos estéticos de la arquitectura y de la escultura. El centro de su discurso escenológico es el espacio y la luz. No es casual que gran parte de las ilustraciones presentes en sus escritos nos ilustren casi siempre un espacio vacío, sin ejecutantes, como drama de la luz y de sombra como si reflejasen un estado “latente” del espacio antes de la entrada de una determinada acción dramática. La Escenología como investigación del espacio nos muestra un espacio de la “protoacción”.
De todos ellos el más conocido y a la vez es el más desconocido es STANISLAVSKI[15] donde el centro de debate escenológico es ante todo el arte del actor y su círculo íntimo y creador. STANISLAVSKI es el padre de lo que hoy llamamos la “tecnología de la interpretación” y todo lo que puede discutirse sobre la interpretación debe partir en principio a él. Stanislavski nos presenta un caso singular como una personalidad teatral del siglo XX con herramientas artísticas del XIX. Fue el primero que comprendió el alcance de las ciencias psicológicas de la floreciente Viena del novecientos. La convicción del actor se trabaja desde dentro, el actor hace fenomenología con la imagen, la crea en su interior, construye el devenir psíquico que lo lleva a una acción, y si logra hacerla suya alcanza un estado de emoción. Si bien este salto de gigante propiciará un amplio discurso teórico, podremos observar que esta progresión en lo escenológico-interpretativo no se verá acompañada de una contundente revolución del espacio. El actor aprende a buscar imágenes internas que den sentido a su acción pero chocará con los viejos decorados. En esta cuestión la posición del director ruso es ambivalente: sus escritos nos muestran un director preocupado e inquieto por explorar las formas estilísticas de la escena: esquematismo, simbolismo, costumbrismo, línea de lo fantástico, naturalismo, realismo, etc, y por otro tomándolas en un papel secundario frente al arte del actor.
Con MEYERHOLD el teatro de la convicción en el que comienza su aprendizaje de joven junto a STANISLAVSKI en su andadura personal alcanzará el polo contrario hacia un teatro de la convención. El actor no es el centro del discurso escenológico como ser ensimismado y abstraído dentro de un conjunto de elementos que forman parte de la escena. La contribución a la Escenología por MEYERHOLD será la de tratar de hallar una “tecnología de la composición rítmica” de la representación, la escena es un confluencia de ritmos en una composición general que puede estudiarse externamente, y todos los elementos que confluyen se organizan dentro de un esquema rítmico general. Idea que no era obviada por su maestro STANISLAVSKI cuando utiliza los términos del lenguaje musical para explicarnos los distintos tempos de la representación en su conjunto. Con MEYERHOLD esta composición rítmica se construye desde una exterioridad como máscara, como convención.
La Escenología después de este breve resumen puede dividirse así en estas tres áreas antes descritas como “tecnología de la composición espacial”, “tecnología de la interpretación”, y“tecnología de la composición rítmica”. Son las que plasman una ciencia de la puesta en escena como disciplina artística que engloba el espacio, la acción y el tiempo. Casi nunca en las reflexiones de estos creadores están separadas como áreas autónomas sino que inevitablemente los progresos en una rama del área de la Escenología conllevan una transformación en las otras ramas. Por lo que cualquier escenología debe tener en cuenta siempre una investigación paralela en las tres áreas y en sintonía. No es posible hablar de una progresión en el arte de la interpretación sin ocasionar un cambio en las consideraciones de la composición del espacio de la acción dramática, o no podemos estudiar la composición rítmica de la representación sin reflexionar sobre las formas de composición del espacio o el arte de la actuación. Es implícito en los discursos de la Escenología una transversalidad de estas tres principales ramas “cuando hablamos de tecnología, cómo debemos abordar este problema? “El proceso tecnológico no debe estudiarse separado de todo el conjunto de cosas de que he hablado más arriba (se refiere a los métodos de interpretación y de puesta en escena) y que se basa en el pensamiento”…. (MEYERHOLD, 1992: p. 285)
Este muy somero resumen no trata de hacer acopio de toda la complejidad de la Escenología, de por sí enormemente extensa, y desatendida en muchas ocasiones de la revisión y el estudio, sino conocer su origen y sus principales fundadores. Toda la Escenología posterior, nos guste o no, parte de este tronco. Es inevitablemente necesario cuando tratamos de edificar una Escenología contemporánea volver al estudio vigoroso de sus orígenes. En este sentido toda escenología contemporánea debe comprometerse primero en una severa historiografía de las distintas teorías, debe dirigirse hacia un trabajo de traducción y edición de sus textos fundamentales de los cuales bastantes están sin traducir, debe elaborar guías de lectura para comprender estos textos con rigurosidad, y por último, debe trazar el inicio de una “escenología comparada” donde son contrastados sus principales términos y praxis.
4.1. Nuestro punto de vista sobre una Escenología
La Escenología nos remite a su origen griego como “skene”. Es el espacio donde se situaban los actuantes,” y por consiguiente el lugar que ha sido trazado con un “círculo creador”. La “skene” es anterior al mismo “theatron” desde que en los orígenes del rito en las distintas formas del culto alrededor de un acontecimiento mimético establece su círculo mágico. No es casual ni anecdótico que la “skene” en los antiguos teatro griego haya sido de forma circular hasta ir convirtiéndose en un paralelípedo en las arquitecturas teatrales posteriores. Esta transformación de lo circular, lo elíptico, lo sinosuidal hacia un cosmos ordenado por la línea toma una verdadera dimensión simbólica pues encontraremos bien arquitecturas del “ánimus” y del “ánima” durante la larga marcha de la historia del teatro. La Escenología no hace sino reflejar a la antigua pugna de lo dionisíaco y lo apolíneo, entre un cosmos ordenado por el texto y la arquitectura y otro que hace entrar el devenir en una inmersión de los sentidos.
4.2. La Escenología: definición taxonómica
Para nosotros la escenología intentando englobar un conjunto de disciplinas artísticas, algunas de las cuales no podemos dejar fuera de la reflexión escenológica, trata de las “praxis performativas” en un espacio resignificado por el “juego creador” con unas cualidades poéticas (se totalizan los signos con un atmósfera), por lo cual no tenemos una mera percepción de lo real, sino que nos sustrae de lo real y nos abre a la percepción de un imaginario, donde nos encontramos ante algo más bien soñado, ensoñado o irrealizado. Cuando sucede este círculo creador abre ante sí una aureola imaginaria que nos abstrae de nuestra apreciación común de la realidad por otra más condensada e intensa, por lo que se transforma nuestra conciencia del tiempo y la duración[16]. Esta definición algo enrevesada, muy amplia y transitoriamente, la definiremos así, diferenciando esta “praxis” concreta de aquellas “praxis” del espacio poetizado tanto escultórico como arquitectónico, muy relacionadas con la primera. Disciplinas estás últimas de la forma espacial inmóvil e inerte, como juego del volumen, la luz, y la sombra. Si hemos emprendido esta definición un poco rígida y taxonómica es por que nos encontramos dentro de este ámbito escenológico no sólo con el estudio de las técnicas de puesta en escena de un repertorio textual, sino con otras manifestaciones performativas, sea el caso de la danza, el llamado teatro de objetos o gestual, aquellas manifestaciones performativas surgidas en el clima de las vanguardias como la acción y el “happening”, y ciertas formas de “enviroment” que introducen al visitante en un marco temporal o “vivencia de la duración”.
4.3. La Escenología estudia los metalenguajes del acontecimiento performativo
Para comenzar vamos a detenernos en explicar muy bien que es lo que distingue fundamentalmente cualquier representación performativa ya sea ritual, ceremonial, festiva, parateatral o teatral. Siempre que estemos ante un acontecimiento de tal índole, nos encontraremos, en sus plurales formas de manifestación expresiva, un denominador común. Como trata de organizar y constituir su propio “metalenguaje[17]” y por consiguiente diferentes estratos de participación activa en ese metalenguaje por las personas que asisten al acto performativo. Sirviéndonos de un ejemplo tópico, el chamán-mago realiza una serie de actos que solo él puede realizar en una comunidad tribal. Él es el especialista de una técnica ritual. En el caso griego tenemos tres estratos, pues al coro se le atribuye una esfera intermedia entre lo que se representa y aquellos que miran y escuchan el acto. La escena como lenguaje fono-verbal, gestual, plástico, como acontecer sensorial, siempre posee su propio metalenguaje: es una de las características implícitas de todo acto performativo. La Escenología se sitúa en ese nivel entre el lenguaje en cuanto tal y los metalenguajes que lo constituyen. Varias palabras son comunes en la escenología para apoyar esta aserción: hablamos del pre-juego, de la preexpresividad, de la técnica, todas ellas palabras que se rodean de una atmósfera, en muchas ocasiones, de iniciación, misterio y secreto. Esta es una de las tesis de Antonin ARTAUD en su teatro metafísico “Hacer metafísica con el lenguaje hablado es hacer que el lenguaje exprese lo que no exprese comúnmente, en emplearlo de modo nuevo, excepcional y desacostumbrado, en devolverle la capacidad de producir un estremecimiento físico, en dividirlo y distribuirlo activamente en el espacio”. Esta reacción instintiva ante lo teatral como lenguaje de la palabra no debe hacernos olvidar el concepto mismo del metalenguaje del que nos advierte ARTAUD en estas líneas. Si bien debemos diferenciarlo así de posibles significados con los que llegara a confundirse[18]. Todo metalenguaje performativo es la expresión de lo concreto y de lo sensible y con él explicaremos un orden “velado”, una “ur” estructura, que actúa sobre una serie de fenómenos perceptivos. Ante un acontecimiento preformativo no “vemos” sino que se construye una “mirada”, no se “oye” sino que se construye una “escucha”, no solamente “sentimos” sino que se construye una “vivencia”. En dos aspectos actúa un metalenguaje: en lo que podemos denominar una unidad de atmósfera y la metáfora, o en términos empleados por las ciencias psicológicas como “condensación” y “desplazamiento”. Esta analogía entre la escena y lo soñado es también señalada por la profesora UBERSFELD “el teatro posee, de igual modo, el estatuto del sueño; se trata de una construcción imaginaria, y el espectador sabe que esta construcción queda radicalmente separada de la existencia cotidiana” (1998: p. 34). También encontramos estos dos niveles, entre lo implícito y lo explicito a tal punto que un metalenguaje puede quedar velado como un jeroglífico. Como en términos freudianos pudiésemos describir como si todo tuviese una “X común”[19]. Lo manifiesto y lo latente, se integran en el tejido de la significación ya que no podemos desprender ese conjunto de percepciones que se crean eN una representación, de aquella estructura latente que configura el espacio, crea un modo de recepción, se sirve de un contexto y se desenvuelve en una dramaticidad. El metalenguaje define la estructura latente por la cual lo manifestado-sensible se presentaría como algo deshilvanado[20].
4.4. La Escenología como ciencia de la inspiración
Como “círculo creador” trataremos de considerar la Escenología en su sentido más lúdico, como muy bien nos dice la profesora UBERSBELD “El espacio escénico es el área de juego” (1997: 112).
La Escenología como ámbito de estudio puede abocarnos a una idea contraproducente y ciertamente paradójica pues trata de situar su foco en una técnica o conjunto de iniciativas que nos ofrece la oportunidad de una acción liberadora en el espacio. Pues donde hay imaginación hay libertad. Quizá corresponde más a lo lúdico y al “esparcimiento” que al análisis y el ensayo propios de una ciencia. Campo de tentativas valiosas donde podemos permitirnos el lujo de errar. Lugar del azar y los encuentros fortuitos e imprevisibles, o “caos que se organiza[21]” ARTAUD. Espacio de una “sabiduría innata del cuerpo” donde la intuición toma al fin sus decisiones. Lugar donde la creatividad y la imaginación expanden nuevas rutas de trabajo. Sitio donde el ritmo sustituye a la disciplina demasiado ordenada. La escenología si puede ser una ciencia debe ser para nosotros algo parecido a una “ciencia de la inspiración.
5. Dramatología y Escenología: “interpretar” y “jugar”
“Mira el drama desde todo punto de vista, sirviéndote de cualquier medio”.
E. Gordon Craig[22]
Nosotros nos detendremos en una distinción léxica más sencilla, mucho más coloquial, y más fácil de entender. Cabe recordar que en la lengua castellana no hemos diferenciado dos términos que clarifican mucho la cuestión, “interpretar” y “jugar” en nuestra peculiar inmersión en el texto llamado dramático. Dos términos muy bien diferenciados en lenguas foráneas: representar una obra en la lengua francesa se denomina “jouer” y en inglés “play” denotando semánticamente el carácter lúdico de la traducción escénica del texto. En nuestra lengua, en cambio, el verbo interpretar sirve tanto para el hermeneuta como para el director de escena, el actor o el escenógrafo. Nosotros diremos que el estudioso del texto “interpreta” y el artista siempre “juega” y desde ambas posiciones se puede establecer, como veremos más adelante, una complicidad de máximo interés. Pues es evidente que tanto para “jugar” como para “interpretar” necesitamos “interrogar a nuestro texto[23]”, pues tratamos de guiamos con el hilo de Ariadna por un laberinto de palabras. Así toda herramienta de enseñanza profundiza en las técnicas de la lectura. Aunque el juego y la lectura no comparten los mismos resultados y objetivos, comparten una misma pasión: leer con mayor rigor, leer para entender, leer para jugar.
Pero esta división quizá demasiado categórica no ha resuelto nuestra principal preocupación entre esos dos ámbitos de estudios y el salto epistémico que se abre cuando intentamos crear un marco en el que puedan enlazarse la “interpretación” y el “juego”, entre ese “mundo propio” que toma la obra dramática como objeto de la imaginación creadora y la que se sitúa en un nivel hermenéutico y preceptivo
6. Aproximación lúdica a la obra dramática con un principio motriz de la imaginación: el “oxímoron”
“La contradicción es verdaderamente una necesidad más que una condescendencia. Porque, en efecto, la contradicción es el camino más fácil para llegar a la originalidad, y la originalidad es una de las pretensiones dominantes del inconsciente”. (PF: 136)
Volviendo a recalar en otro axioma presente en los ensayos de la profesora UBERSBELD: la escena es siempre el lugar donde nos encontramos la paradoja[24]. Si hay un principio que puede señalar adecuadamente su acción es la figura retórica del lenguaje llamada el oxímoron[25], donde una idea sintetizada en su antítesis nos da un principio activo y motriz. Como “axiomas paradójicos” veremos como ejercen fascinantes interrogantes a la imaginación. Este empeño siempre estuvo desde los comienzos de esta investigación. Junto a la revisión de cierto repertorio dramático se empezó a tomar ciertos oxímorones para tratar de entender las relaciones que se establecen entre la acción dramática que se incuba en el interior de un espacio poético. Esta predilección por el oxímoron surge por varias razones, una, porque como axioma se comporta como una ley que a la vez no puede ser tomado como una regla: En segundo lugar porque como axioma tiene la peculiaridad de activar la imaginación y abstraernos de un “lugar común” lo que dará motivo a que aparezcan nuevos interrogantes. La imaginación casi siempre trabaja con preguntas y no con respuestas. Tercero, porque podemos incidir en las leyes de correspondencia entre las artes al enunciar oxímorones sensoriales. Estos son algunos ejemplos “Ver es oír, la oscuridad es el máximo de luz, el caos es un orden, la luz es la sombra, el tiempo es espacio, lo plano es profundo, mostrar es ocultar, la parte es el todo, un centro es no tener centro, la sensación es metafísica, la voz es danza, la identidad es diferencia, el color es sonido, la voz es silencio, la armonía en la desarmonía, la disciplina de la indisciplina, fragmentar es unir, la pesadez en la levedad.,Todo principio es un final, el cuerpo es la sombra, música para los ojos, lo desproporcionado es proporcionado, la luz es la acción de lo invisible, la emoción es geometría, tocar es ver, el espacio es el cuerpo, el escenario es el rostro, la rapidez en la lentitud, la línea expresa una trayectoria de lo imprevisible, el sonido es arquitectura, el decorado es la piel, el rostro es la máscara, etc…”.
7. Novedad de nuestra línea de investigación en el orden de estos estudios
En dicho ámbito interdisciplinario se mueve pues este trabajo de tesis y es por esta razón que debemos ser mucho más metódicos y rigurosos. Las líneas de investigación que se intentan abrir en este trabajo tratan de “edificar un puente” entre el ámbito teórico y aquel que se centra en la faceta humana de la creación en las variadas direcciones disciplinares del arte. Entre lo que denominamos el “estudio” y lo propiamente “lúdico”. Nosotros vamos a incidir en las perspectivas que se nos abren ante esta clásica y no nueva disyuntiva: el utilizar una nueva forma de lectura denominada la “fenomenología del imaginario[26]” como instrumento valioso que puede enriquecer este marco de afinidad. Herramienta que no niega la solvencia de otras herramientas epistémicas y metódicas para el estudio del texto dramático. Sin embargo, entre lo dramático y lo escenológico existe una disyuntiva que la semiótica como técnica de análisis del texto dramático y fundamento de una posible “gramatología” no ha podido resolver: abismo abierto entre un signo de naturaleza lingüística y la polivalencia semántica sin fin de la escena cuando se traduce ese mismo texto en una poética del espacio[27] que nos sirve de lecho a las acciones. La fenomenología de la imaginación nos presenta una especie de teoría de la inspiración creadora y también nos ayuda fundamentalmente a leer mejor a los poetas (a leer ensoñando). Punto que ya está en otro nivel que el de la estricta crítica literaria: “El fenomenólogo no tiene aquí nada que ver con el crítico literario que, como se ha observado con frecuencia, juzga una obra que no podría crear, e incluso según testimonio de las censuras fáciles, una obra que no querría hacer. El crítico literario es un lector necesariamente severo” (BACHELARD, 2006: 17). En nuestro trabajo no acentuaremos esta tan profunda divergencia presentada por BACHELARD, entre el fenomenólogo de la imagen poética y el hermeneuta, sino que diremos que cada ánimo lector siempre tiene un valor y ocupa su preciado lugar. Necesitamos leer entendiendo para luego leer ensoñando y más tarde leer jugando. Comenzamos interpretando una “forma”, interrogándola en sus varios estratos de significado, hasta una determinada posición donde se alcanza la adhesión plena a una imagen poética. Es allí donde “hacemos el poema como nuestro”, y participamos de su “intersubjetividad”.
Que nuestra atención se centre principalmente en los estudios sobre la imaginación creadora marca una pauta al incidir en la necesidad de elaborar líneas de investigación de las que podrán desprenderse ciertos programas sistemáticos de estudios que tienen como fin el desarrollo de esa actividad tan frágil e inefable que es la imaginación[28], un poco recogiendo la idea meyerholdiana de un “observatorio de las estrellas” para las artes del teatro. Como conclusión a este preámbulo demasiado general, pero en el que es importante incidir debido al particular estado de nuestro estudios, el ámbito teórico (estudios de dramaturgia) aspira a proyectar siempre futuras herramientas de juego escénico que denominaremos “herramientas escenológicas”.
Nosotros nos centraremos fundamentalmente en un conjunto de textos canónicos de la dramaturgia occidental, nos adentraremos en la obra de William Shakespeare, y mostraremos como el texto clásico puede ser objeto de otras perspectivas teóricas de las que se pueden desprender nuevas formas de implicación en los campos pedagógicos y creacional.
[1] VEGA, María José. Poética y Teatro. La Teoría dramática del Renacimiento a la Postmodernidad. Lunable editorial. 2004. Véase el siguiente capítulo “Teatro y teoría crítica contemporánea. La mirada interdisciplinar” de ROSALES, María Ángeles. p. 269-
[2] ARISTÓTELES. Poética. Madrid. Alianza. 2004. Cuando utilizamos el término poética debemos retroceder al origen semántico que da Aristóteles a este término en su Poética como “creación literaria” y en especial a un género “dramática” . La poética de Aristóteles no se detiene en otras formas de imitación artística aunque las menciona sucintamente.
“Para tratar de la poética en sí, como de sus diferentes especies, esto es, de la fuerza de cada una de ellas y de cómo hay que componer los argumentos, si la composición ha de quedar bien, e incluso de cuántas y de qué partes consta, e igualmente de todo aquello que concierne a este método” […] pp. 31-32.
Para una buena comprensión de los conceptos fundamentales de la poética de Aristóteles nos hemos remitido a este libro por su claridad expositiva BOBES, Carmen & otros. Historia de la Teoría literaria. Madrid. Gredos. 1995. Cap. III “Aristóteles. Conceptos fundamentales de La poética. Págs. 83-105. “La poética es, pues, una obra de carácter teórico sobre una producción humana, la literatura” p. 91.
[3] A este respecto nos hemos dirigido a varios diccionarios. En PAVIS, Patrice. Diccionario de Teatro. Barcelona. Paidós. 1998. el término “dramaturgia” es “en su sentido original y clásico “la técnica (o la poética) del arte dramático que busca establecer los principios de la obra, o bien inductivamente a partir de ejemplos concretos, o bien deductivamente a partir de un sistema de principios abstractos. Esta noción presupone un conjunto de reglas específicamente teatrales cuyo conocimiento es indispensable para escribir una obra y analizarla correctamente.
Hasta el periodo clásico, la dramaturgia, a menudo elaborada por los propios autores tenía como objetivo descubrir las reglas (o incluso las recetas) para componer una obra y suministrar a los otros dramaturgos normas de composición” p. 148. Como muy bien nos advierte PAVIS los sentidos posteriores del término dramaturgia y que derivan de él son los que le dotarán de un sentido teatrológico. En el breve diccionario UBERBELD, Anne. Les termes dés de l´analyse du théatre. París. Editions du Seuil. 1996: “Traditionallement, le mot dramaturgie désigne le travail de l´auteur des oevres teatrales: sens sorti de l´usage” y recoge también el uso del término desde una perspectiva teatrológica, la dramaturgia puede ser tanto el estudio y composición del texto dramático como de la representación “Actuallement il est un de ces termes de la théatrologie qui posédent qui posédent tríos acceptions: 1) la dramturgie es l´etude de la construction du texte de théâtre: ainsi, la Dramatique classique en France, de J. Séller, este l´etude de l´escriture et la poétique de la representation. 2) Elle désigne l´etude de l´escriture et de la poétique de la representation.3) Elle est l´activité du dramaturge au sens allemand ou postbrechtien. En ce es, la dramaturgie est l´etude concrét des rapports du texte et de la représentation avec l´Historie, de un côte, et avec l´ideologie –actuelle- de l´autre. L´dramaturgie est alors l´etude non seulement du text et de la representation, mais du rapport entre la représentation et le public qui doit le recevoir et comprende: elle implique donc non pas deux elements, mais trois” p. 33.
En otro diccionario teatral volvemos a encontrar esta confusión cuando intenta recoger todo los sentidos dados al término dramaturgia en GOMEZ GARCÍA, Manuel. Diccionario de Teatro. Madrid. Akal. 1997. “Dramaturgia: Dramática /Acción y efecto de componer un drama o un espectáculo teatral / Calidad de dramturgo / Actividad de dramturgista”. P. 266. Inevitablemente nos tendremos que dirigir a un diccionario de terminología literaria y volver al centro mismo de la problemática: La Poética de ARISTÓTELES.
[4] La dramatología pretende crear una “unidad de campo en los estudios literarios-lingüísticos” de la literatura dramática. Ámbito expuesto en sus líneas generales por mi director de tesis Camilo Fernández González.
La dramatología como una sombrilla acoge la variedad de herramientas de análisis de la forma y contenido de la obra dramática. Hay que matizar que si bien la dramatología barre bastantes confusiones al tomar la obra dramática como lo que es: una scripta, no se presupone como ciencia estar exenta o separada de lo teatrológico o lo escenológico, más cuando la dramaturgia contemporánea nos advierte una diferencia sutil: entre el “texto dramático” y el “texto teatral”. La dramatología nos es útil desde el momento que puede ofrecernos una claridad conceptual, terminológica y epistémica para abordar nuestro trabajo.
[5] Véase la definición que hace PAVIS, Op. cit. 1984. Encontramos aquí una definición de la teatrología como una especie de cajón que abarca las tres áreas de estudio que antes hemos señalado “El estudio del teatro en todas sus formas y aspectos. Este término reciente y limitado al empleo “erudito”, si no científico, corresponde mejor al término alemán theaterwisssenscharft. Lo determinante en él, más que su exigencia científica, es la totalidad y autonomía de la disciplina crítica encargada de examinar las manifestaciones teatrales” […] El reino del director te teatral produce naturalmente la imagen de orquestación del espectáculo bajo la dirección de una sola perspectiva, de manera que esta ciencia de la coordinación crea su propio objeto: el teatro / la teatrología (de la misma forma que existe una psicología, una sociología, una estética. Teatrología es la designación más amplia y también más vaga con respecto a su orientación metodológica. Abarca todas las direcciones de análisis (dramaturgia), escenografía, técnicas del actor, análisis de la escena y de la representación, orientaciones históricas y sociológicas, estudio de las relaciones del teatro con la vida cotidiana, etc. De este modo, teatrología y semiología se complementan mutuamente y de ningún modo entran en conflicto. Ambas metodologías (más que disciplinas de contornos precisos) convergen en un intento por abarcar todos los aspectos de la actividad teatral y fundar un sustrato epistemológico” p.406
[6] MARINIS, Marco de. Entendre el Teatre. Perfil de’ una nova teatrología. Barcelona. Institut del Teatre. 1997.
[7]Hemos recogido la definición realizada por Pavis en la primera edición de su diccionario en vez de la revisada pues no se halla bien diferenciada de la teatrología. “Neologismo que data de comienzos de siglo. Ciencia de la puesta en escena, teoría de la práctica escénica” (1986: p. 175)
[8] MEYERHOLD, Op. cit. 1992: Pág. 259. “Yo estudié los métodos como tales, en su aspecto técnico y, en base a estos estudios, yo hoy podría escribir un libro. ¿Qué libro? Tecnología de la interpretación o tecnología de la dirección o tecnología de la dramaturgia. Eso es lo que puedo escribir”.
[9] Véase este divertido libro FO, Darío. Manual mínimo del actor. Hondarrabía. Hiru. Dario Fo casado con la actriz Franca Rame cuyos ancestros se remontan a las antiguas familias de cómicos dell´Arte nos muestra en este libro picante y entretenido dispensario de reglas, métodos, que pertenecían a una tradición familiar y gremial.
[10] Uno de los mejores trabajos que versan sobre la técnica del actor barroco es este Rodríguez Cuadros, Evangelina. La técnica del actor español en el Barroco: hipótesis y documentos, Madrid. Castalia. 1998. Como muy bien nos advierte la profesora RODRIGUEZ CUADROS nos encontramos con una escasez documental cuando intentamos conocer algo del arte del actor.
[11] Véase DIDEROT, Denis. Paradoja sobre el comediante. Cartas a dos actrices. Madrid. Valdemar. 2003. Uno de los más astutos y certeros ensayos sobre el arte del actor que aún hoy se sigue recomendando su lectura a los alumnos de interpretación en las licenciaturas. Veremos como el centro mismo de la problemática escenológica es como muy bien designa DIDEROT la paradoja.
[12] BrooK, Peter. Provocaciones, 40 años de exploración en el teatro. Buenos Aires. Ediciones Fausto, 1989. p. 13.
[13] Barba, Eugenio & Savarese, Nicola. El arte secreto del actor: diccionario de antropología teatral.
México, D.F. Escenología. 1990.
[14] Para que nos demos cuenta de la escasez editorial de obras que versan sobre escenología en España hay un caso singular. La extensa obra teórica de Adolphe APPIA que ocupa cuatro tomos en su edición suiza aún se halla sin traducir en castellano o en catalán. Nos referimos a APPIA, Adolphe. “Oeuvres complétes”. Tome I, II, II, IV. Berne. L´Age d´Homme. 1983, y sólo contamos con un breve compendio de su escritos en Appia, Adolphe. La música y la puesta en escena. La obra de arte viviente. Madrid. Asociación de Directores de Escena. 2000.
No solo esto la mayoría de los textos fundamentales de la escenología pertenecen a ediciones procedentes de América latina o Francia. Ha sido la labor encomiable de José Antonio SANCHEZ quién nos ha permitido en algunas de sus revisiones historiográficas hacer eco de este vacío editorial y permitirnos la lectura de algunos extractos fundamentales de la escenología. Véase SÁnchez, José A. La escena moderna: manifiestos y textos sobre teatro de la época de vanguardias. Madrid. Akal, 1999. En este compendio podemos encontrar en sus líneas generales los principales nombres de creadores que ha atizado el debate escenológico.
[15] Siempre hemos defendido que la obra de STANISLAVSKI necesita de un estudio mayor, incluso sería muy apropiado una buena guía de lectura barriendo muchas de las apropiaciones y deformaciones que han surgido posteriormente. Aconsejamos la lectura de STANISLAVSKI, K. S. Diccionario de términos. Murcia. Escuela Superior de Arte Dramático. Teatro de Cámara de Madrid. [(Sistema) versión, prólogo y anexo de Ángel Gutiérrez]. 2001, de uno de los herederos directos de lo que fue el Teatro de Arte de Moscú y a pesar de su longevidad sigue formando actores y actrices en su Teatro de Cámara de Madrid.
La mejor manera de conocer mucho de los términos postulados por el director ruso serían dilucidados trabajando con la materia prima de su recorrido teórico, afectivo y artístico: su repertorio. Su obra traducida en la edición castellana más completa es Stanislavski, Constantin. El trabajo de actor sobre si mismo.El trabajo sobre si mismo en el proceso creador de las vivencias. Buenos Aires. Quetzal, 1994. Ibidem. El trabajo del actor sobre su papel. Buenos Aires. Quetzal, 1977. Ibidem. El trabajo del actor sobre sí mismo: el trabajo sobre sí mismo en el proceso de la encarnación. Buenos Aires. Quetzal, 1979 Ibidem. Mi vida en el arte. Buenos Aires. Quetzal, 1981. Ibidem. Trabajos teatrales: Correspondencia. Buenos Aires. Quetzal. 1986.
[16] Ni siquiera el teatro épico frente al teatro dramático en la “teoría del distanciamiento” de Bertold BRECHT queda fuera de esta ley. Cuando asistimos a una representación sea “épica” o “dramática” siempre experimentamos una conciencia del tiempo muy distinta de la que tenemos cotidianamente. Hay que tener bien clara la diferencia entre ilusión e imaginación, si bien BRECHT niega la ilusión como mixtificadora al motivar una serie de identificaciones emocionales más que reflexivas, nunca su obra niega el círculo imaginario: estamos en un teatro. El acto imaginario de nos presenta plenamente realizado inscrito en un “círculo de tiza”.
[17] “El término metalenguaje fue explicado por el director del Teatro de los sentidos, Enrique Vargas, en diversos talleres realizados sobre la poética de los sentidos en su sede en el Polvorín, Barcelona, 2006 de esta manera: “Cuando una persona se adentra en un bosque puede escuchar el trino de unos pájaros, la melodía de sus cantos, el revoloteo de varias melodías. Le parecen hermosos por su timbre, por su tono y decide prestar atención. Lo que este paseante no sabe es que estos pájaros se están diciendo: ¡Un extraño ha llegado al bosque, tened alerta! Este lenguaje cifrado para este paseante solitario que comunica a los pájaros mensajes ocultos entre sí es un metalenguaje” Con metalenguaje definía todos aquellos códigos que servían a los actores-habitantes comunicarse desde sus cámaras en la oscuridad del laberinto. El viajero iba recorriendo las diferentes cámaras y era invitado a varias experiencias sensoriales. Estos códigos a veces sonoros se integraban dentro del entramado sensorial en una unidad de atmósfera. Eran signos que pululaban durante el tránsito del viajero cuidadosamente integrados sin que este pudiese distinguirlos como un lenguaje que solo comprendían los actores. Unos ruidos de conchas o tubulares podían avisar de la llegada de un nuevo visitante a una de las cámaras o de avisar del final de la experiencia cuando llegaba el último viajero. El objetivo principal de este metalenguaje que solo conocían los actores era tener dominio sobre el ritmo interno. Más adelante pude observar como cualquier representación convencional teatral también posee tal metalenguaje, y que este concepto no forma parte solamente de un teatro de los sentidos.
[18] PAVIS, Op. cit. 1984. El concepto de “metalenguaje” es utilizado por Patrice Pavis para comentar la problemática de un “descriptor ideal” de la representación“”Niingún metalenguaje adecuado ha logrado hasta ahora describirla, y pierde mucho cuando es traducida en un texto escénico, o un libro modelo, o en cualquier otro sistema de notación”.
[19]FREUD, Sigmund. La interpretación de los sueños. Madrid. Alianza. 2006. La condensación y el desplazamiento son dos términos que nos muestran los mecanismos inconscientes que crean la urdimbre de las imágenes del sueño.
[20] Nuestra lectura de “The Tempest” en el trabajo de investigación barajó siempre el interés que tiene esta obra en una posible escenificación sensorial y no tanto donde tome protagonismo el recinto teatral. La inmersión en la lectura del texto nos descubrió una gran cantidad de datos textuales que nos hacían referencia a una magia alquímica sobre lo sentidos de los personajes. Como obra sensorial encontrábamos una amplia descripción de fenómenos (casi siempre acústicos) y un metalenguaje. Esta idea se pueden observar durante la obra en como los personajes perdidos en la isla son guiados, alertados, encantados, extraviados o sometidos por ellas como si estuviesen dentro de un tapiz invisible que dirige sus cuerpos, estimula sus sentidos y los desplaza en el espacio, sin que ellos sepan el origen de la causa ni el sentido. La forma en que se construye este lenguaje sensorial es el injerto. Hay que entender el injerto como una transformación que imanta lo que ya existe en los distintos campos de acción de la metáfora. Ariel realiza injertos sensoriales en una naturaleza, brotan en un inicio de sensaciones conocidas y las colorean, sintetiza neo-perceptos lo cual tiene como consecuencia que se difuminen del ámbito de lo real para entrar en una atmósfera onírica , entonces surge la necesidad de los personajes de describir lo que sienten. Si los personajes reconociesen la causa de las sensaciones, si fuesen reconocidas claramente por el “sensorio” en el atlas sensorial de lo conocido, si fuesen muy definidas en la conciencia de lo solamente expreso, no intentarían describirlas ni volver a recordarlas. Entonces la descripción se torna poética, utilizamos metáforas, trazamos rutas de sinestesias, condensamos elementos que mezclamos y sopesamos para hacer nuestras hipótesis. Es por esto, que las descripciones de los personajes de los estímulos que reciben son tan sugerentes. La naturaleza es parlante, el viento musita y murmulla como una voz que nunca antes ha sido oída, la isla esta llena de músicas que tañen mil instrumentos pero no se puede identificar el timbre de ninguno conocido. Esta neonaturaleza “terra incognita” de los sentidos- pero sensorial les hace dudar si duermen o están verdaderamente despiertos. Este tapiz sensorial es el médium en que se realiza un juego y un meta juego en el espacio. Prospero ha creado una verdadera trama sensorial con varios senderos y rutas que los personajes irán recorriendo hasta llegar a un centro donde todos esos senderos confluyen al final de la obra. Todo ese entramado sensorial esta sustentado por la meta- trama que Prospero realiza con Ariel, pues ambos son los que crean su meta juego mercurial en una alegría dinámica. Ariel se comporta como un obrero fenomenológico y es el principal constructor de este espacio sensorial, y son sus propiedades las que definen el instrumento. Ariel es el ente que mejor define la metáfora.
[21] ARTAUD, Antonin. El teatro y su doble. Barcelona. Edhasa. 1989. “Se comprende entonces que la poesía es anárquica en tanto cuestiona todas las relaciones entre objeto y objeto, y entre forma y significado. Es anárquica también en tanto su aparición obedece a un desorden que nos acerca más al caos”. p. 48.
28 Gordon Craig, E. El arte del Teatro. México. Gegsa. 1987.
[23] MEYERHOLD, Op. cit. 1992: “No basta con leer la pieza, hay que someterla a un análisis profundo, ser como el cirujano que saja con el bisturí. Es lo más importante”. p. 372.
[24]Véase UBERSBELD, Anne. La escuela del espectador. Madrid. ADE. 1997, o en su versión francesa, UBERSBELD, Anne. Lire le théâtre. Paris. Editions socials. 1981. Cáp. “Texte-representation”. “Le théâtre est un art paradoxal. On peut aller plus loin y voir lárt m[eme dy paradoxe” [….] p. 14.
[25] En retórica, el oxímoron (del griego ὀξύμωρον, oxymoron), dentro de las figuras literarias , es una de las figuras lógicas ; consiste en armonizar dos conceptos opuestos en una sola expresión, formando así un tercer concepto.
[26] BACHELARD, Gaston. La poética del espacio. México. Fondo de Cultura Económica. 2006. Véase introducción, Págs. 7-32 donde Bachelard nos aproxima a este concepto.
[27] Las formas de leer un texto dramático se demuestra como uno de los ámbitos aún por descubrir y quizá la primera base de nuestro proyecto. La semiótica y lo que se ha denominado sistema actancial ha ido en este camino un poco proceloso. Para la profesora UBERBELD la semiótica es una herramienta auxiliar en el trabajo de lectura, pero cuando ha intentado dar el salto a la escenificación ha encontrado una gran falla: al trazar un puente entre estas dos realidades (la textual) y (la escena), y se encontrará en un callejón sin salida al observar como el signo en lo lingüístico al ser traducido en materia escénica se “abisma” pues el signo en escena es camaleónico, y el texto adquiere una polisemia en escena vertiginosa y sin fin. Basta un leve cambio para que el signo desplace su sentido, por lo que una escenología apoyada en esta disciplina es una ciencia de las “probabilidades valiosas” pero carente de rigor y menos de estructuras fiables, aún así un libro como “La escuela del espectador” es un intento loable. ¿Cómo recortar un signo que deja una estela de polivalencias de sentido a su paso? El hombre que camina en un espacio vacío como nos relata al comienzo de su libro El espacio vacío Peter Brook, tan elemental y simple como elemento signito del acontecimiento teatral, puede tomar el significado tanto de un rey o un mendigo. Si el texto es una objeto de estudio para el estudio semiótico, no puede compararse a su segunda existencia ficcional en la representación muy dado a visiones plurisemánticas.
UBERSBELD. Anne. Semiótica teatral. Madrid. Cátedra. 1998. “Conocidos son los reproches, a veces legítimos, que se le hacen a toda semiología […] Una lectura más afinada de la multiciplicidad de las combinaciones de una obra constituye u elemento de juego y, en consecuencia, de placer estético; y lo que es más, la semiología permite al lector una actitud creativa” (p. 10). En este libro la profesora UBERSBELD está proyectando su empeño, tomando los instrumentos de la semiología, de configurar una gramática de la representación (del juego) cuando nos dice en este mismo libro, “posteriormente, y si es posible, nos gustaría sentar las bases para crear una “gramática elemental de la representación (suficiente materia para otro ensayo)”, p. 8) cuyo resultado fue UBERBELD, Anne. La escuela del espectador. Madrid. ADE. 1997. Aunque este libro es muy valioso por intentar ofrecer una implicación del teórico y sus métodos de lectoanálisis del texto con lo escénico-lúdico, se enfrenta con dos ámbitos de estudios muy bien delimitados: una semiótica lingüística y una semiótica de lo escénico espacial.
Para nosotros no se trata de concebir la posible traducción del signo lingüístico (sistema de signos) en algo material (otro sistema de signos) haciendo de nuestro texto una especie de “descriptor”. La semiología o bien sirve de instrumento una Dramatología o bien a una Teatrología. Creemos que la semiología sí bien se adentra en el texto (semiología lingüística) o se adentra en el acontecimiento escénico (semiótica teatral) pero no funda una interrelación entre las dos de tal manera que se pueda objetivar “una gramática de la puesta en escena” a tal punto de ser considerada el eje instrumental (aunque si bien podemos apreciar su valor) de unas ciencias de la acción creadora en la escenología. La escena no puede ser tomada como un “sistema cerrado de signos” sino de un lugar donde las polivalencias semánticas se van construyéndose en la actualidad de cada acto de representación, en la novedad y efimeridad. Nuestra atención en esta tesis se centrará más en ese vínculo entre sensación y lo que la fenomenología nos describe como suceso cognoscitivo del devenir de la imagen poética en la mente. Lo importante no es hallar una determinada traducción o trasvase sígnico entre el texto y la representación, sino crear los condicionantes que auguran el movimiento que va de una imagen a otra imagen. Captar e incitar el dinamismo del imaginario. Para constituir una gramática elemental de la representación habría que crear un entorno propicio de diferentes gamas sensoriales donde lo lúdico trata de aportar su valoración subjetiva, su aportación imaginaria. La obra dramática escrita posee indicios textuales en muchas ocasiones de “gamas” que nos muestran un determinado entorno senso-poético. En este sentido esta idea se acerca a lo que STANISLAVSKI denominó “unidad de atmósfera de una obra”. Toda obra nos presenta una “atmósfera peculiar” y un “tinte espiritual”. Una obra dramática nos describe un determinado entorno sensorial de vivencia fenomenológica que es captado en su novedad y en su originalidad.
“La causa real del flujo de imágenes es verdaderamente la causa imaginada; para utilizar la dualidad de las funciones que invocamos en libros anteriores, diríamos fácilmente que la función de lo irreal es la función que dinamiza verdaderamente el psiquismo, mientras que la función de lo real es una función de detención, una función de inhibición, una función que reduce las imágenes de tal forma que les da un simple valor de signo. Vemos que pues que, junto a los datos inmediatos de la sensación, hay que considerar los aportes inmediatos de la imaginación”. (BACHELARD, 2006: p. 99)
[28] En este idealismo de la enseñanza se encuentra el de RODARI, Giani. Gramática de la fantasía. Barcelona. Planeta. 2006. “Confío en que el librito sea también útil para quién cree en la necesidad de que la imaginación tenga su puesto en la enseñanza”. p. 13
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